A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

FELIZ NAVIDAD

FELIZ NAVIDAD
A MIS QUERIDOS Y RECORDADOS AMIGOS Y A QUIENES PASEN POR AQUÍ.

jueves, 17 de mayo de 2007

Aquella Noche.


Anoche mientras hablábamos, comenzó la batalla con la que se habían venido amenazando las torpes imágenes que habían creado nuestros pensamientos.

Y las palabras fueron como afiladas dagas que causaban profundas heridas y fueron como bisturís que después de herir intentaban restaurar los jirones hechos en el alma.

Y fuimos crueles el uno con el otro, tan crueles como lo pueden ser los seres humanos en su as central ignorancia.

Y esos jirones invisibles y eternos se quedaron colgando en las telarañas de la memoria pudriendo los pensamientos.

Y ni mi ternura infantil, ternura de muchacha sensible y tierna fruto del amor que nos unía, alivió tu triste y cansada mirada. Ni ninguna de tus palabras de hombre ofendido, musitadas desde la mueca de tus sonrisas espantó mi miedo a perdernos para siempre.

Y los recelos se pusieron a medir y a comparar para ceder el paso a una calculada indiferencia por la que se coló un espeso vacío que nos convirtió en islotes desiertos.

Y después nos dimos una tregua, ese parche que ponemos en el roto, “una nueva oportunidad”, para que nuestras voces volvieran y nos desangramos suavemente, sin darnos cuenta, ya que la luz de la inteligencia no podía traspasar los estúpidos velos que habían tejido nuestros anhelos.

Y a ti la noche se te hizo de plomo derretido y a mí de cristales rotos y sin embargo tus manos aún se mantuvieron abiertas esperando un milagro.

Y a mi se me olvidó, perdida en el abandono y el despecho, el tiempo que no me habías regalado, la pueril necesidad de sentirte a mi lado, y me fui a la cama entre las sabanas revueltas y el corazón destrozado.

Entonces pensé que la oportunidad nos enseña hasta donde puede llegar la mente confundida y que ya, en nuestro alejado mundo no se despejaban las dudas y posiblemente el amor, saldría dañado
Y el alba nos sorprendió como a dos furtivos irritados a los que se les había escapado la presa deseada.

Y yo me levanté en la mañana con mi glaciar arrogancia que me obligaba a vivir y tú te colocaste el disfraz de mago de los sueños para continuar engañándote con tu acostumbrado egoísmo.

Y por dentro éramos la misma confusión, el mismo dolor de esa humanidad en conflicto permanente.

Y tú por restañar tus heridas me escribiste tus últimos versos y yo aplacando mi dolor, te ofrecí mis últimos miedos.

Y antes de despedirnos el tú y el yo continuaron bailando el vals que tocaba la orquesta de las conclusiones. Yo te dije me voy, y tu dijiste hazlo no me importa

Y me pareció que tu “No me importa”, no era otra cosa que la realidad engañosa que había forjado la no menos engañosa retahíla de todos tus te amos y de todos tus poemas.

2 comentarios:

Huellas.