A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

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sábado, 12 de mayo de 2007

HistoriaS RealeS.


Ahora busca en su memoria el rescoldo de aquél amor descomedido, que una vez sintió por ella y se dio cuenta que aquella mujer seguía rompiéndole el corazón, y la había perdido, en un tiempo había estado muy cerca de ella, había sido su vida, sus grandes ojos se habían alojado en su memoria y era imposible arrojarlos de ella.

Sin ella, se sentía solo, abandonado y empezó a pensar que se había equivocado, aquella persona a quién no supo conservar era la razón de su vida.

¿Desde cuando no hablaba con ella?, supo que ante todo necesitaba verla y como consolándose de su pérdida, pensó en como se había ido de su vida, en silencio, como a quien le costaba decidir semejante acción, sin apenas darse cuenta, cortando de repente aquellas largas conversaciones que le habían envuelto siempre, para entrar en un largo letargo del que jamás se había podido recuperar, alguna vez pasaba por su lado como una ráfaga, con sus ojos desviados en algún otro sitio innecesario, como buscando algo que le alejara de aquél peso en su espíritu de piedra de molino.

Aquellos largos silencios que él tan bien conocía lo atacaban cuando no estaba con ella, se observó con tristeza, comprendiendo en ese instante el abandono, los días, los años de calvario, y el camino de desesperanzas que había recorrido sin ella. Recordó como ella había perseguido siempre las ilusiones y la vida y pensó que tenía que recuperarla.

Se habían amado con desespero hasta que sintieron que se les escapaba la vida y se les reventaba el alma y se quedaron quietos viendo como los obstáculos lo rompía todo.

De vez en cuando él se despierta soñando, odiándola por tanto sufrimiento acumulado y deseando morir allí mismo para no volver a penar su ausencia, procuraba evocar los momentos felices, buscando ayuda para engañar al tiempo y encontrar fuerzas para seguir sin ella.

Recordaba esa preciosa sensación de ser los dueños de la tierra, de tener veinte años, la vida por delante, de amarse tranquilos, ebrios de olor a bosque y amor, sin pasado, sin sospechar el futuro, con la única increíble riqueza de ese instante presente en el que se miraban.

La recordaba tal como era en sus mejores tiempos, riéndose con todas sus ganas, y alborotándolo todo con su movimiento fugaz de niña locuela.

Pensaba que todo lo ocurrido no era fortuito, sino que se correspondía a un destino dibujado antes de sus razonamientos, pero ninguna pincelada es inútil, pudo sentir que la memoria es muy frágil y el transcurso de una vida es muy breve y sucede todo tan deprisa que no alcanzamos a ver la relación entre los acontecimientos, no podemos medir las consecuencias de todos los actos, pero pensaba que podría ser que todo pasara simultáneamente, ¿Cómo se pueden rescatar las cosas del pasado?

Deambula por ahí con una sola idea en su cabeza, recuperarla como sea.

Por las noches puede dormir un rato hasta que el sueño le vence la pena y deja por un momento de narrar en su mente ese desventurado pasaje de su vida.

La última vez que la vio pensó cuantas veces esta mujer se había encontrado en su vida, allí frente a él, de nuevo ella, cuanto encerraba esa palabra… ella.

Su unicornio azul estaba allí y nada ni nadie, aunque no estuviera a su lado, la apartaría de su mente. Se preguntaba y ella como estaría ella? de nuevo el miedo lo paralizó, y pensó que sus esperanzas se desvanecían por momentos e intento mirar en el fondo de aquellos ojos por si veía algo que le animara a avanzar, más los ojos de aquella mujer a la que amaba tanto, no le decían nada, y entonces se imaginó una chispa de amor incalculable que solo él podía leer si se acercaba, pero no, no podía acercarse, no comprendía porqué su mirada lo paralizaba, le intimidaba, sería porque en el fondo sabía que no tenía derecho a volver a turbar la paz de aquella mujer y sin poderlo evitar, con un extraño motivo, sintió que se iba hacia tras y girando sobre sus talones pensó que ya era demasiado tarde, que no había demasiadas oportunidades en la vida y que él había perdido la suya, se volvió por un momento como queriendo guardar la imagen de su cara y con gesto de dolor, le dijo “Te Quiero” y siguió su camino no sin maldecir su equivocación irremediable.

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