A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

viernes, 4 de mayo de 2007

Las CosaS Que me Contó un Río.



Me decía: Yo no soy un río importante, ni famoso. He oído hablar de ríos que recorren miles de kilómetros; ríos caudalosos como el mar; ríos que pasan por ciudades hermosas, como mi hermano el Guadalquivir, que se hace famoso al pasar bajo los puentes de Córdoba y Sevilla. He oído mil historias de ríos que recorren tierras llenas de leyendas y misterios, ríos bravos y llenos de cataratas, ríos en los que viven genios y animales, ríos de países extraños y lejanos.

Yo no soy ni importante ni famoso. Hay ríos que nacen entre altísimas montañas, y yo, casi no sé donde tengo mi nacimiento, porque aparezco entre montañas donde se juntan cientos de pequeños arroyos. Y casi sin darme cuenta, ya soy un pequeño río. Si, pequeño porque durante todo mi curso soy pequeño, casi un arroyo.

Recorro muchos kilómetros casi sin acercarme a ninguna ciudad, pero paso por tierras de gentes que trabajan todos los días sus campos y sus minas, y hasta mis aguas parecen algunas veces la sangre de la sierra de Huelva, roja de hierro y de cobre.

Paso debajo de pequeños puentes entre chopos y alisos, en verano entre tantos árboles altos y derechos como lanzas clavadas en mis orillas, da gusto estar en la frescura de esos lugares, hasta me dan ganas de quedarme allí para siempre, pero tengo que seguir mi camino, soy pequeño, pero también soy un río y debo ir en busca del mar.

He visto mucha gente distinta en mi vida, he conocido fenicios, griegos, romanos, árabes, y de todos he aprendido muchas cosas, que guardo como un secreto. Paso mucho tiempo solo entre sierras y encinares, tierra dura de jaras y alcornoques y paso también por tierras que van cambiando poco a poco hasta hacerse llanas y ricas. No me conoce mucha gente, pero paso junto a las murallas de Niebla y me paseo entre marismas al llegar a San Juan del puerto y me acerco al mar, en Palos de la Frontera. Allí conocí hace mucho tiempo a unos hombres valientes que salieron desde mis aguas y llegaron hasta América. Ellos dejaron sus recuerdos entre los viejos maderos del muelle y entre las paredes de la Rábida, con su virgen de los Milagros.

Ya lo ves no soy famoso ni importante, me dijo, pero me encuentro con mi hermano el río Odiel y con el océano a los pies de un monumento que recuerda algo grande que ocurrió hace cinco siglos. Yo soy el río Tinto.

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