A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

jueves, 3 de mayo de 2007

Un EncuenTro.


Aparentabas más edad pero me dijiste que tenías treinta años, bueno eso me dio igual.

Preguntaste por mi nombre y el tuyo creo no recordarlo.

Te dije que ya me iba, era muy tarde, pero tú no tenías prisa, creo que ni me escuchaste.

Bebiste de tu copa de garrafa y la mía simplemente era agua.

No supe de qué hablarte y pregunté por tu día de trabajo y respondiste que no había estado mal, que tu trabajo te gustaba.

Entonces me hablaste de amor, dejaste claro que querías ser mi lancelot, aunque nunca te había gustado la Ginebra estabas dispuesto a hacerte adicto a ella, pero yo despistada te contesté que el amor no era eso.

Besaste mi mano para que te perdonara y brotó sinceridad de tu pecho.

Pero me miraste replanteando en el ánfora de mi cuerpo la ecuación del deseo que no habías disimulado.

No fue puro ni culpable simplemente el fugaz destello de una estrella en el firmamento.

Hambre de deseos que respondo con letargo, hambre de estupideces que no quiero y no me creo.

Intento decirte algo, quizás lo que siento o como me siento, mientras tú ave linsojera, me miras con tus grandes ojos abiertos.

Quizá que este no es el camino.

O que así no son las cosas.

O que esto no es lo que anhelo, simplemente.

Adentro, un hueco donde aún un fuerte y ardiente perfume de falacia, recuerda nuestra estancia aquí dentro, fuera me alivió el aire fresco.

Crucé la estela de la noche pensando que el amor no era eso.

El amor, ya lo conocí en otros besos.

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