A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

sábado, 7 de julio de 2007

Anoche.


Son las cinco de la mañana, he decidido por fin irme a dormir.

He entrado lentamente en mi habitación, como queriendo retener cada rincón.

Me he sentado a los pies de mi cama, y mis ojos han absorbido todo su contenido, tan íntimo y por mí tan querido, si miro de frente dos espejos perpendiculares desde el suelo hasta el techo, dibujado de ondas como dos olas altivas que rompen el cielo, a su lado un mueble de vengell negro y más allá un perchero con ramificaciones de acero, colgado en una de ellas unos vaqueros desgastados, como a mi me gustan, viejos; encima del mueble fotos, muchas fotos mías y de las personas que quiero y una colección de cofres pequeños que guardan mis recuerdos, una rosa en un tubo de cristal recién cortada y un artilugio de esos de colgar pulseras desperdigadas.

En el suelo un pollito amarillo, un osito de peluche y un cojín malva de terciopelo, mis zapatillas y los zapatos que traía puestos.

Si miro a la derecha los armarios de cristal, madera y acero y a la izquierda repisas de cristal y vengell negro, algo más allá la ventana con stores de color marfil.

He cambiado de postura y me he tendido boca arriba mirando al techo y con los pies acariciando la pared, de frente dos cuadros de orquídeas en tonos rosas y lilas sobre una pared malva de fondo y en el techo una lámpara que parece un ovni y muchas estrellas y lunas de colores fluorescentes pegadas y dispersas por él, frente a mí el cabezal de la cama y las dos mesitas con ambas lámparas que envuelven a la habitación en una suave y tenue luz color verde manzana, las dos almohadas tiradas por ahí con desgana, un cenicero, un reloj y alfombras por el mármol del suelo y en medio de una cama inmensa, yo, ya solo con ropa interior, la ropa que traía la tiré desde la cama, cayendo en distintos sitios, encima de los radiadores de la calefacción, en el suelo o alguna con más tino, en el perchero.

Mis ojos de han quedado fijos en el techo, ojos de estatua, mirando sin mirar y he empezado a soñar, al cabo de un rato es tanta la abstracción que puedo oír en el silencio los latidos pausados de mi corazón… pum pum pum.

He mirado a la ventana y de repente me he ido sintiendo ligera, abstracta, liviana, como si mi cuerpo volara y me he visto desde algún lugar tirada, abandonada en la cama, como dormida y me he sentido por encima de la ciudad como si tuviera alas, me voy alejando y dejo mi cuerpo con una expresión de serena lejanía y una sonrisa suave, me voy por el cielo por los mares, haciendo del silencio música de olvidos, blues de algodón y olivo para mi boca. Voy despacio, por el camino del sur que mira a la bahía,

y acarician mi pelo los celos de la brisa…y el mar viene de verde lleno en mi mirada.

El silencio es espeso y suena a almidón y a yerbabuena, la vida se aquieta en esta tranquilidad que me gobierna. El mar acaece entre mis alas y de pura sal y espuma se abre como estrella, mis ojos vuelan como gaviotas por mis cejas y mi corazón se viste de fiesta, el viento mueve los árboles y las flores y tú pareces estar allí en algún lado tras la niebla, mientras yo me siento errante gaviota fugitiva cruzando el horizonte hasta el ocaso, Cruzo el cielo y sondeo el mar, buscando la paz que el corazón reclama.

Hay luna llena, se alborotan las hojas de las palmeras del puerto, oigo un silencio enorme, no sé si es tu silencio o el silencio de Dios que clama por los cielos, está amaneciendo, ya vuelvo de nuevo a mi cuerpo, ya de nuevo a la rutina, pero también es hermoso, aquí estoy con mi sonrisa de vida diciéndoles buenos días.

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