A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

FELIZ NAVIDAD

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domingo, 15 de julio de 2007

Carne Y VerSo.



Yo sé que he cambiado tanto, como cambian los niños al crecer. Pero nunca dejaré de jugar ni en el Cielo ni en la Tierra ni en el aire, lo que he tardado tiempo en construir con infinito detalle, se hace añicos en un solo momento, la niñez, y cuando ya está casi acabada estás hecha una mujer. Los días que me dieron alas al crecer, también tuvieron alas y se desmayan en un rapto de ventura y de placer.

Y una mañana al despertarme me encontré una joya que mis sueños de crecer fueron destilando; no tenía joyero para guardarla ni corona real para engastarla, ni una cadena de donde pudiera colgarla, solo tenía un corazón de niña mujer.

Corazón repleto de juventud atolondrada, que se ruborizaba al ser observada y burlada por las sonrisas de sus hermanas, mientras los latidos de mi corazón, bailaban con el redoble de esas risas retumbantes, como lluvia enloquecida que va persiguiendo al viento y le lanza mil flechas.

Yo no tenía ni preguntas ni respuestas, yo no me sentía diferente, para mí no había más allá, me encontraba igual, con las mismas ganas de jugar, como esa gota perfecta de rocío que se desprende de la flor, y al caer se detiene un instante, la mira, se sonríe y se deja caer.

A pesar de las preguntas de mi madre ¿Pero niña como puede ser que no haya nada que te ate a este mundo?, pareces de otro, mírala se queda ahí pasmada, como si nada, y se reía al mirarme y terminar diciendo, es solo un cachito de cielo caído de la tierra, no se si la parí._jaja_, así en esos términos puedo narrar como de niña pasé a mujer.

Estos pequeños pensamientos son como el crujir de las hojas que aún suspiran de alegría en mi alma, y que como casi todo lo escribo, ellos con su propia alma, se han desvanecido en este sencillo papel; y me pregunto ¿quién eres tú tan silenciosa? , no soy más que una gota, un suspiro, una flor, cuando me pierdo y escribo.

Cuando este corazón mío languidece en silencio es por estas pequeñas cosas que nunca pide, ni sabe, pero que siente y cuando las encuentra en un cofrecito amontonadas para no despertar la sensibilidad, encuentra la libertad, su poema y su canción, y yo, la silenciosa, siente las ansias de la tierra y me pongo de puntillas para estibar el cielo, y escribo, y escribo, y cuando regreso, entonces me pregunto ¿Quién eres tú tan silenciosa?, solo soy una mujer de carne y verso.

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Huellas.