A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

martes, 4 de septiembre de 2007

BesoS TiernoS



De tus besos olvidados del tiempo y la memoria recuerdo aquellos que nos dimos a escondidas, detrás de las chumberas que infestaban el camino donde ahora, han levantado aquellos bloques de pisos horribles recién construidos, de colores chillones. Mis manos temblorosas y tímidas aún por la inocencia de la recién adquirida pubertad, exploraban tu cara con acné recién tratado y hasta el sabor de esos besos, robados y fugaces, siguen apareciendo, a pesar del tiempo, ante mí por las tardes, cuando anochece, y el aire húmedo del río llega hasta el pueblo.


El nuestro fue un amor imposible, como todos aquellos que comienzan cuando el mundo apenas se ha mostrado ante nosotros, y la magia existe y no podemos siquiera esperar que termine la aburrida clase de matemáticas en el instituto, del que salíamos corriendo los dos para vernos a escondidas y contarnos las últimas novedades del día, aquellas que ahora nos aburrirían hasta la saciedad, pero que desmembrábamos hasta la tarde. Era entonces cuando se oía la voz de mi madre gritando mi nombre desde la puerta de mi casa, en todas direcciones hasta ponerme nerviosa y obligarme a decir un “ que ya voy” repentino, mientras tu te escondías invisible y quieto sentado al pie del árbol rodeado de chumberas cómplices nuestras.
Entonces era cuando al volverme para decirte adiós, me robabas el último beso seguido de un insoportable hasta mañana.

No ha pasado tanto tiempo...

Y de repente, en un lado del cementerio, lejos de la tumba, fingiendo ver que no veo la tuya, recuerdo aquellos primeros besos que nos dimos, el sonido de tu voz susurrando “ te quiero “ a mis oídos inocentes, el color de tu pelo rubio tan claro como el mío, brillando al unísono al sol esquivo de la tarde, en el crepúsculo, mientras los niños corrían a sus casas para cenar. Y pensando en esta carta de amor imposible que ahora escribo, que tus pupilas en descomposición jamás habrán de leer, pero eso solo lo pienso cuando la rabia y la impotencia se adueñan de mí, cuando me invade el sopor y el abandono de mis tardes melancólicas ya es otro mi pensamiento y te hablo con la seguridad de que me oyes, me ves desde el infinito y que sonríes cuando salgo con algún chico mandándome en los susurros del viento, un te quiero frente al suyo, entonces, lloro.

Te llevaré de la mano, despacio

por el camino del sur que mira a la bahía,

y acariciaré tu pelo con celos de la brisa…

Te quiero.

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