A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

lunes, 17 de septiembre de 2007

En esta Noche...


En esta noche tan fría,

cubierta de un bello manto de estrellas,

aquí, sola, en mi helicón, cuando ya veo más

cerca aquél lejanísimo infinito que desde la

muralla alta nunca lo imaginamos alcanzable,

vuelvo a coger mi pluma para emborronar

otra hoja y que el apacible céfiro al pasar esta

madrugada te la lleve hasta tu alcoba.

Hoy al atardecer cuando llevaba a mis labios

un último sorbo de café, al dejar el vaso sobre

mi escritorio, te vi cuando pasabas por la vieja

morera, que antaño reflejaba el rosado de sus mejillas

en las que fueron cristalinas aguas del hoy, desaparecido

regajo; en que en alguno de sus remansos, en aquellos largos

atardeceres de verano, nos complacía con la belleza multicolor

de los tritones que lo habitaban.

Después entraste en un negro asfalto y mi vista se nubló

con un velo polvoriento, como aquellos que nos cubría en

nuestros anhelados paseos por esa misma senda.

Entonces pensé que estaría algo cansada, me froté los ojos y

te dejé de ver, y salí, sin rumbo, comencé a andar y mi corazón

lo sentí desbocarse y empezó a galopar por las inmensas llanuras

de arenas rubias, de las playas eternas de mi pueblo.

Entonces se paró, como otras veces lo ha hecho al pensarte, y

como jinete de un bello Alazán, bajé de mi montura y busqué,

entre mis manos las tuyas para entrelazarlas, y teñirlas del

verde de mis ojos color esperanza.

Tantas veces he tirado de la larga cuerda del tiempo y he

traído como hoy hasta mí, muchos preciosos momentos.

He seguido caminando y he llegado al viejo y bello ayuntamiento,

parece que he oído un Te quiero, pero de nuevo estoy soñando,

Se ha hecho de noche y me he tapado con su manto estrellado

y acurrucada a tu ausencia, he soñado hasta que

las luces de la ciudad han ido perdiendo intensidad y me han recordado

que debo volver a casa.

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