A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

martes, 11 de septiembre de 2007

Tu RecuerDo.


Camino por las calles de mi pueblo, donde pasé mi infancia y mi adolescencia, mis primeros escritos y mi primer amor truncado por causas ajenas que están fuera del alcance humano, quizá por el destino o por alguna voluntad divina si es que alguna hay.

Voy recuperando sensaciones de antes que fui perdiendo al crecer, sensaciones que aún se muestran con claridad, no ha pasado demasiado tiempo. Aún recuerdo el olor de las hojas recién mojadas por la lluvia y el sonido de una melodía, dulce de nuestra naturaleza, que hacen avivar este escondido y apenado corazón, introduciéndolo cálidamente en aquél hermoso sueño, donde dos almas adolescentes unificaban sus corazones en el universo.

Me gustaría que supieras que hay palabras que me hieren y que jamás te pude decir, casi no me dio tiempo, eran palabras que iban con luz, con vida, con paz, que iban y venían dentro de mi con suspiros, con ecos de amor, que aún me nutren, me penetran y me azotan si me acerco.

Me invaden como un susurro.

Mientras mis labios te saludaban, en los tuyos siempre había una espera, y con ternura y delirio siempre deseabas acercarte y mimarme.

¿Notas mi voz?

En ese frío que hiela, sufre aún mi corazón, empobrecido, y mi mirada busca refugio en la tuya suspendida del recuerdo, perdiéndose en la inmensidad de esa eternidad que te adolece y que ya imagino tierna como en calma que llega sin haber tormenta.

Llueve fuertemente alrededor de nuestros cuerpos, el mío, suspendido y real encima y debajo y en todas partes, sobre tu nombre grabado en esa piedra, donde suena más el murmullo de lo que nos rodea y el sonido de las gotas que nos bañan, y mientras, siento en un paisaje perfecto, la caricia de tu mirada que cubre bellamente mi rostro.

Un día en una fría estación, en una parada de la vida, emprendiste tu viaje, ese que te llevó no sé donde, demasiado lejos para volver, lejos de todo engaño, de toda mediocridad y de penalidades humanas.

Un largo y sin retorno viaje, muriendo justamente sin sentir dolor, donde tu alma desnuda lleva un apodo, los sin rostros, sin nombres, sin voz; donde dicen que únicamente la felicidad y la paz crece, sin saberlo, en una hermosa explosión por el universo, donde transitan las caricias, los olores y los besos.

En playas donde tus pasos siguen a los míos entre risas eternas y juegos.

Nogales donde crecen y nacen los sueños unidos.

Manifiesto público de dulzura, sonrisas y cariños eternos, un caramelo ácido por fuera y dulce por dentro, sin adjetivos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Huellas.