A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

domingo, 20 de enero de 2008

Isabel.

La señora Isabel es muy sabia, debe haber vivido cientos de historias y a todas les puso nombre, ella siempre dice que la vida es corta y arrepentida, mientras habla parece que sueña despierta, pero cuenta, selecciona, clasifica sus fechas y sus anécdotas, ella no aparta nada en las orillas, ni siquiera los estorbos, cuando cuenta algo que le duele, ni siquiera levanta la mirada, parece que un ciprés le corte en dos el alma y cuando los recuerdos son felices le sale a borbotones la luz con esa chispa única que ilumina la mirada, la observo mientras oigo, sus manos son pequeñas, delgadas, de dedos largos y uñas estrechas, debieron ser hermosas cuando moceaba, no para de moverlas, las envuelve una con otra, encerrando ternuras y las aprieta guardando la crudeza voraz de todo cuanto extraña.

Las historias que narra son casi todas de su vida pasada, que abrazada de memoria a su alma devuelve, sobre su rostro su pelo alborotado, de un castaño rojo que en sus tiempos pudiera ser trigueño, sus ojos son de color miel, con destellos apagados de todas las ausencias y todos los abandonos, a veces se para y entre dientes susurra: - Ay hija y Dios sin aparecer, pero omnipotente es la dulce intransigencia de su encanto-.

Isabel perdió muchas cosas y personas a lo largo de su vida, ella dice que fue como esa planta que siempre tuvo en su patio, “ La siempre Verde “ que poco a poco se fue quedando sin hojas, muriendo en el afán de asir el sentimiento, pobre Isabel, inquilina en el reino de la sensibilidad.

Siempre lleva un libro en su mano y tantas primaveras ya, que ella y su alma desmienten, y lleva esa absurda visión de los locos cuerdos, cuanto sufrimiento en ese casi siglo, pobre Isabel, dice que lleva media vida explotando globos de lágrimas.

Cuando habla del amor, siempre dice lo mismo, se le convierte la mirada en sirena y la sonrisa ávida de su retina se alarga como si persiguiera algo sin tregua y sus labios besan el aroma del café que le he preparado, y repite mientras da pequeños sorbos ¿ sabes niña? Un hombre hace tanto, moldeó mis ojos a su antojo e hizo de su cuerpo mi universo, pero le faltó tiempo para mirarme, se lo llevó la noche y la luna regresó eterna solo con su reflejo en las primaveras, después de aquello, lo busqué siempre en el fondo de mi copa.

Isabel fue profesora en sus tiempos jóvenes, su marido fue rojo en los tiempos de la guerra y todos sus hijos, que uno a uno dice ella, Franco se los fue quitando a golpes de bayonetazo o fusilados, a su marido lo levantaron una noche, de la cama y se lo llevaron, esa noche oscura, después a su ventana, solo volvió la luna, sin ninguna explicación, después una horrible miseria interna y de ansiedad se apoderó de su belleza, esa ansiedad que no cierra los ojos ni descansa. Isabel ahora anda y anda de día y dicen que también de noche, y habla con palabras bajas, colgadas de sus labios, dicen que aún maldice y lamenta y llora por campos de locura y tiembla y cuando entra en su casa, aunque llueva y truene, nunca cierra la ventana…Pobre Isabel.

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