A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

martes, 4 de marzo de 2008

LLuvia de Estrellas.


A veces lo que se vive, son los argumentos de historias que mejor se pueden escribir, para dejar constancia de los momentos mágicos que ocurren en el día a día de la vida, son esas pequeñas cosas que la montan, que pertenecen a la rutina de los hechos que ocurren en el transcurrir del tiempo, pero que se diferencian por la carga de emoción y magia con que las vives.

Hace unos días mi hermana, y yo de noche en el salón con las cristaleras de la terraza abiertas que al estar alta se ve mejor el cielo, de repente vimos un bellísimo espectáculo.

-¡Ven a la terraza¡ ¡corre!, llueven estrellas.

Besan el aire de Marzo acristalado y mueren inflamadas al fondo del espacio, dame esa silla, date prisa, que se moje húmeda de luna, se ha vuelto loco el cosmos y se ha embriagado el crepúsculo…

Ahí llega al fondo la luna, viene de nebulosas jaspeadas, parece borrar su imagen de la bóveda en la alborada.

Cómo quisiera ser uno de esos puntos de luz y llover errante y libre por el Universo, jugar a los bolos con los engendros ópticos y magnéticos y meterme en las esferas de torrentes de luz que escapan a mi juicio.

Mira, es noche de artificios, en el cielo están de fiesta, Urano baila sobre los negros de la noche y cabalga a lomos de sus impulsos beodos.

Esta noche es la de escribir versos, las estrellas están revolucionadas, dan golpes de luz, son kamikaces nocturnos que se lanzan al tiempo y al espacio, observadoras eternas de una lamentable historia de la humanidad, es un espectáculo mágico, quizá estén protestando en pos de la paz y el silencio, del entendimiento, críticas profetas del gran orden, ancladas en la triste vista de una rebeldía muerta contra el dolor, el sufrimiento, la carrera nuclear, la guerra…

Quizá sea un momento de la sensibilidad del cosmos, de el pasar de las almas ya anónimas capaces de enfrentar sin miedo a los fantasmas del progreso y de la imaginación, del crecimiento desmesurado como serpiente de brea que devora y asimila ideales y triunfos de falsos redentores.

O el momento de los que cuelgan en la bóveda el íntimo recuerdo de algún amor desahuciado, o de abrir la puerta a las caricias, a la ternura de quienes aman en la distancia.

O es el momento de la revelación del Cosmos ante ese otro momento de las nuevas convenciones de pactos fríos con la guerra para que la sangre no corra ni los ríos de esperanza se detengan…

Cuanto se puede ver en una lluvia de estrellas….

3 comentarios:

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  2. Las estrellas siempre están ahí.
    Y siempre podrás pedir un deseo.
    Gracias por leerme.
    Vuelve pronto.
    un besito Gabriel.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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Huellas.