A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

domingo, 20 de abril de 2008

El Muro y el Mar.

Me gusta ir a la casa de mi tía Milagros en verano, es muy peculiar, parece estar adaptada a su forma de ser y un poquito también a la mía, sobre todo su parte de atrás, que da al mar, en aquella zona llega la luz a chorros sobre un enorme muro, un verdín espeso se extiende por la amplia superficie compitiendo con la frontera del mar, ese horizonte de musgo, se ve de un verde brillante en las puestas de sol, cuando el mar está tranquilo, mece a la pared en un abrazo eterno y hermoso de sal.

Relajante cuna de agua, que oscurece el verdín y lo llena de pequeñas partículas de caracolas que se le enganchan.

Desde este lado de la casa, duermen los pájaros y del otro, fuera del muro, festejan las gaviotas, separados por una frontera de aires, dulces y salados, a veces parece oírse risas y llantos atravesando en un breve vuelo, el arco iris de brillos que provoca la noche en ambas partes, y cuando las aguas se despiertan aprovechando el silencio, golpean los verdes de olas como un lastimero gong, el verdín del muro, es como un tiempo de ida y vuelta, sin reloj. Fantástico espectáculo.

En la esquina del final de la casa hacia la derecha, despues del jardín, hay una parte de tierra que parece marisma, sembrada naturalmente por varias hierbas marinas que están regadas por una grieta de agua salada, que al exponerse al sol intenso de Andalucía, las hace crecer floreciendo de tamaño, de noche la grieta parece que brilla como hilillos de plata que pasean por la tierra seca en verano, la luz la pare más la luna de ese lado y enredada en la brisa, cantarina viene a enredarme, parece un cuadro de Sorolla que con mano temblorosa dibuja la belleza de la vida y de la muerte, la misma mano que dibuja caricias, la misma de los adioses y de las bienvenidas plasmadas en un trazo infinito.

Y el mar, tan caprichoso intenta entrar donde yo me encuentro, como si me estuviera buscando, intentándome para llevarme y jugar con mi cuerpo, acunarme flotando mientras miro a las estrellas y me adentro en el pozo de mi memoria como herido pájaro.

2 comentarios:

  1. Hola carolina, hay un poder peculiar en la literatura y es el hecho de poder transportarnos hacia lugares en que no hemos estado jamás, me ha relajado la forma como describes esa parte posterior de la casa, parece que en algún momento pudiera mirar y sentir ese verde y esas aguas.

    un abrazote no te pierdas, no asustes.

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  2. Gracias Nike, me animas mucho, tus comentarios me animan por supuesto y me abruman, no los merezco.
    otro abrazo, procuraré no perderme, jaja aunque siempre estoy perdida.
    :)

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Huellas.