A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

sábado, 10 de mayo de 2008

In Memoriam


No sé en qué dimensión me he visto de repente, ha sido de un momento a otro, confieso que me no me lo esperaba, a veces las cosas llegan así de sopetón, aunque le llamen sorpresa, no sé si me he quedado ciega, estoy en medio de un sueño o es el sol que me ciega los ojos, o es otra luz de la que no tengo noción, pero que me resulta tan cálida.

Me resisto, pero quiero guardar cada detalle de todo lo que acontece en este metro cuadrado de luz que me cobija.

Es como si arañara el tiempo y me trasladara de una vez, a algún lugar que esta luz tiene como fin para llevarme, “llevarme”, nunca me pareció más infinito el mundo que cabe entre el horizonte y mis manos, o son las tuyas, ya ni sé, nunca tan largo el recorrido del aire por mis pulmones sin querer salir a perderse.

No he sentido miedo, pero reconozco que un respeto inmedible me ha sobrecogido el cuerpo, no lo sentía desde aquél último día, hace ya bastante tiempo, que quise acercarme a tu nueva morada, pero no, no te alarmes no vengo ya desesperada, vengo conformada, con diecisiete años no se asimilan ciertos acontecimientos.

No ha pasado tanto tiempo, o al menos el dolor aún lo siento, y aún me hago la misma pregunta, ¿Dios porqué? El filo de la incomprensión me partía en mil pedazos y durante mucho tiempo, he ido encerrándome en tu ausencia sin atreverme a emprender el camino de retorno, por mi parte ha sido más doloroso que en el tuyo, hubo un tiempo que deseé haberme cambiado, pero tu te has ido y yo me he quedado, yo he crecido, he madurado, he vivido y en mi rostro se nota el cambio, pero tú sigues en tus 19 años, con la misma mirada y la misma sonrisa de antaño.

Mucho tiempo, mucho, estuve y( aún sigo) ahíta de pena, desmembrada en jirones sangrantes de olvido, en el calor de tus abrazos perdidos, y aquí estoy, ya ves, desde algún lugar que aún no sé descifrar, desde ese silencio que grita que aún nos seguimos queriendo.

No sé si aún no me preocupa el tiempo, mi tiempo y el de los demás, ya que me mudé al tuyo, que no tenía espacio ni lugar, también he perdido la cuenta de las cartas que te he escrito, no sé para qué, nunca llevaban dirección, pero recuerdo que iban cargadas de sueños dormidos, de planes rotos, y de amores llenas iban directamente a la estantería, porque en correos, siempre ponía cerrado por defunción y mis lágrimas escritas compartían papelera con otras tristes cartas, pero no, yo no las mandaba, las cartas de desamor nunca se envían, se llora encima y dentro de ellas van encerrados los porqué de la amargura.

Ya apenas nadie sabe nada de lo que fuimos, y tú no tienes noticias de mí, en cambio yo recibo tus descargas de recuerdos, y sé que ya no tendré tus besos, pero aunque tú no lo sepas, aún ando pidiendo un día, solo un día para que me lleves a tus sueños y allí poder abrazarte, poder mirarte, acariciar tu pelo y escribirte versos.

Ya termino otra carta más, la estantería está cargada, aunque ya hacía tiempo que no lo hacía, pero de nuevo, te escribiré mañana, a pesar de tu silencio, y no es el silencio lo que me duele, es el vacío, este vacío en medio de la gente, una calle llena de gente que sonríe convencida poniendo un envoltorio a sus vidas.

Hay días que la vida pasa a mi izquierda, entre el roce del viento y mi cuerpo, tan frágil frontera me divide la sombra, el suelo se vuelve húmedo y resbalo, me cuesta mirar el frente, esta luz que a veces me acompaña, es como una cárcel dulce y efímera entre mis pestañas, que me atrapa y me traslada al ayer, como una nota única en una melodía de sonidos vacíos, pero es solo una pausa, no un abandono, para encontrarse después en los pliegues del dolor y parar así su cauce, que nadie se culpe del color que almaceno en mi sangre, ese que me hiere la mirada, se confunde con el mar sacudido o es el mar que de ausencias me empapa. Se deshoja la luz y mi pregunta sin respuesta, ¿Dios porqué? después la nada, ni tu luz se me hace cómplice.

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