A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

martes, 24 de junio de 2008

Versos Blancos.


Denominan verso blanco al que no rima con otros versos, pero mantienen el latido de la estrofa en función del ritmo o la medida. De los versos blancos hacen, los que saben, una distinción entre versos sueltos y versos libres. Entendiendo el verso suelto, como aquel que en la estructura de un poema no rima con otros, que, sin embargo, si mantienen la rima en una estrofa determinada. Y al verso libre, como aquel que no rima en una estrofa en la que ningún verso rima, aunque todos mantengan el ritmo de la estrofa o medida.

No debemos confundir por tanto el verso suelto con el verso libre, aunque ambos sean versos blancos a tenor de lo que dicen los académicos. Esta poética, porque lo es, nació en la segunda mitad del siglo XIX como alternativa a las formas métricas consagradas y uno de los poetas con más reconocimiento en sus indicios fue Walt Witman. Hay múltiples alusiones a esta manera de versificar, Luis Cernuda decía que el verso libre no supone una pérdida de musicalidad del poema sino un enriquecimiento de la misma. Así mismo el poemario “Diario de un poeta recién casado” del Nóbel Juan Ramón Jiménez, puede clasificarse en esta corriente, también Antonio machado en alusión al verso libre advertía: “verso libre, verso libre, líbrate mejor del verso, cuando te esclavice”. Es evidente según todos los expertos, que para hacer de “versolibrista” hay que tener conocimiento de las formas, porque para romper conscientemente con las normas, hay que conocerlas.

Versos libres o versos sueltos… todos son versos blancos, los que nunca se finalizan, nunca se acaban de construir, siempre cabe una corrección, lo de acertada o no siempre, ya es otra cosa.

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