A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

miércoles, 15 de octubre de 2008

Aquellos Gestos.


A veces pienso que las palabras son solo palabras, esas se las lleva el viento, en cambio un gesto de amor queda para siempre, las palabras entran por un oído y salen por el otro, los hechos entran por los ojos y se alojan en el corazón.
Algunas madres se esfuerzan por meter en las cabecitas de sus hijos, palabras y frases repetidas tercamente confiando en que queden impresas en la blanda cera de sus almas infantiles.
Luego no tardan en comprobar que a los niños se les gana por los gestos y no por las palabras.
Recuerdo en una ocasión que cuándo yo era pequeña le dije a mi madre: “mami recuerdo mucho lo de los calcetines” y ella me dijo:” haber cuéntamelo”.
“Tú venías por las mañanas de invierno a despertarme a mi habitación para ir al colegio, y yo aún llena de sueño y pereza, sacaba un pie y tú me ponías un calcetín, luego otro pie, mientras yo, terminaba de despertarme”.
Por eso pienso que los niños son muy listos y que creen más en las vivencias que en las ideas y palabras, estas son más cómodas que las acciones.
Los que se dedican a sembrar la infancia de los niños con gestos de amor, aunque no sean tan frecuentes como las palabras fáciles, saben que antes o después cuando pase el tiempo de las palabras y el viento se lleve las ideologías, que alguien les prendió con alfileres, lo que les quedará en el recuerdo serán aquellos gestos, el cariño con que pusieron unos calcetines, la ternura de un momento, el amor silencioso de las horas con ellos, aunque también las palabras enseñen, pero más vale un gesto que mil palabras, porque no me refiero a los estudios sino a la preparación interna y a la captación de los valores y el cariño, si veo buenas acciones desde niño, las tendré presente y se me quedarán más que ninguna palabra.
A veces nada se recuerda de los verbos irregulares ni del razonamiento estricto de las palabras, o nos atascamos en la larga lista de los ríos de Europa, pero no se olvida fácilmente ni uno de los rostros de los que nos quisieron y nos enseñaron a ser feliz en nuestra infancia.

1 comentario:

  1. Muy linda la anécdota de los calcetines. Estoy de acuerdo contigo, los gestos valen mucho. Lamentablemente, no todo el mundo está preparado para ser padre o madre, o tiene los conocimientos necesarios para enseñarle todas esas cosas buenas a sus hijos.

    Como en la matemáticas, necesitamos que nos expliquen la teoría con ejemplos, los ejemplos nos ayudan a visualizar mejor el asunto.

    Aunque no se puede negar que hay palabras que nunca se olvidan.

    Ciao
    Karolita

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