A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

jueves, 20 de noviembre de 2008

Memorias

Mami, he abierto el blog, porque tú no te andas con jaleos de contraseñas y demás...
y yo quiero que leas con mis palabras lo que ya tienes grabado en tu memoria...te quiero...un beso.

En el pueblo donde nací y me crié, había un parque precioso, había y aún hay, por suerte al pie de mi casa, ahora está más adornado pero antes me gustaba más.
Era un remanso de sombras y bancos debajo de un sol de 40 grados en verano, lleno de árboles, palmeras y moreros que a la hora de la siesta mi padre arrastrado por los niños que iban a buscarlo a casa, bareaba subiéndose con unos pinchos de hierro que lo hacían subir clavándose en el tronco de los árboles, como unos zapatos con pinchos y ganchos fabricados por él mismo.
Entonces comenzaba a caer una lluvia de moras, verdes, jugosas y grandes que terminaban en un manto verde agua sobre el suelo del parque, yo tenía 8 años y aquellos momentos de diversión, me llenaban de júbilo y orgullo, todos los niños veíamos a mi padre como el mago de un cuento que nos sacaba del letargo en las largas horas del verano del Andévalo… y cuando no eran las moras, eran los dátiles… mi padre…
A él le gustaban mucho las palomas y también a mi madre, cuando ella estaba embarazada de mi, compró dos parejas, una de palomas tordas y mensajeras la otra.
Cuándo yo empezaba a andar, ya tenía mi padre en el huerto de mi abuelo detrás de la estación del tren, varios palomares y yo, crecí viendo a diario una imagen que llevo adherida, como el color en el iris de mis ojos: Las palomas nunca se alejaban de sus casas y cercanías, solo una vez al día, a la hora de la llegada de mi padre del trabajo, las palomas salían en bandada, todas unidas y formando figuras en el aire, ronroneando contentas al encuentro de mi padre, cuando entraba en la calle, muy alto, delgado y muy guapo, traía sus hombros, brazos y cabeza llenos de palomas, posadas como estatuas, calladas y mansas, tan quietas… ¡ era un espectáculo¡ y ya en mi misma puerta, giraban en bloque y volvían a sus casas…
Mi padre, con lo duro que era para otras cosas, era un infectado de amor y ternura desde su saliva hasta su sangre por mi madre y enamorado de ella hasta las trancas…
Le mandaba notitas con sus palomas mensajeras hasta la misma escalera de la casa…

“ De paloma a paloma
mi mensaje te llevo
nunca te olvides… paloma
cuánto te quiero…”

y mi madre que muy bien que canta, le ponía su voz lanzándola al viento…

Mi padre…
Que en las fiestas del Corpus llenaba nuestra calle de juncias y sus flores rosas, para que pasaran-decía- mis cuatro hijas hermosas…
El que en las fiestas del pueblo se colocaba unos zancos altos de madera y un traje ancho del más gordo del pueblo, se pintaba la cara de negro donde brillaban sus verdes ojos como el romero… y jugaba con los niños al espantapájaros como si fuera un chiquillo, no había acontecimiento sin él, era el centro del pueblo…

Más arriba del parque, en una calle en cuesta, gallarda y blanca… la escuela…
¡Ah pero ya esa es otra historia¡

3 comentarios:

  1. ah!, que hermosos recuerdos! me has hecho recordar también algunas cosas de mi infancia no tan lejana...
    Se deja ver cuanto quieres a tu padre, es muy bonito todo aquello que has contado..

    Besos enormes Karol

    Pd: No podía entrar a tu blog hace unos días. Un avisa me recordaba que tenia que estar ivitado como lector, y hasta allì llegaba. Hoy lo intentè y pude entrar, que suerte la mia de no perderme de tus memorias!

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  2. Se abrió la caja de Pandora, digo, tu blog. Ahora tus memorias y poemas estarán abiertos a todos y ocuparán un lugar en cada tarde roja o noche azul. Es agradable leerte, es como un café de invierno o un refresco helado en un parque de verano.

    Un beso grande.

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  3. Hola! te devuelvo la visita. Muy lindo tu blog... pasaré con más tiempo. besos grandes y hasta pronto!!

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Huellas.