A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

martes, 13 de enero de 2009

Noche de Reyes

Recuerdo las Noches de Reyes, mi madre coloca lazos de colores, retoca, revisa, esconde y vigila que todo esté en su sitio. No sé desde cuando supe que los reyes tenían los nombres de los padres, pero si sé que desde muy pequeña, aunque nunca quise descubrirlos, lo hacían con tanta ilusión que hubiera sido un crimen ¡Pobrecitos, qué ternura!
Y sin embargo siempre he sentido que los reyes bajaban por mi chimenea y de cada chimenea de cada casa del pueblo un humo denso de olivo y espliego me dibujaba ilusiones cuando amanecía.
Hacía un frío que helaba la espalda y un aire de melancolía había en los tejados vecinos desde donde yo veía pasar con impaciencia al Sol hasta que se dormía detrás de la torre de la iglesia, y con ansiedad esperaba que pasara la noche oyendo mil ruidos de roces de paquetes y regalos.
Al otro día me gustaba más cargada de juguetes ir a jugar con mis amigos y vecinos, aunque la verdadera magia la había sentido el día anterior en la cabalgata de los reyes, subida en los hombros de mi abuelo, o de mi padre o de mi padrino, el tío Antonio como si fuera una reina subida en su trono, me quedaba extasiada con sus capas y brillos, viéndolos pasar con mis ojos incrédulos sin poder articular palabra...
Al llegar a casa, apabullada le iba contando a mi madre una letanía de sueños que, era seguro que me serían concedidos...Y así era...¡Oh, la magia!

Cuándo crecí, empecé a darme cuenta que lo que yo quería que me regalaran, nada tenia que ver con los deseos ni de cuando era niña, ni de adolescente, ni siquiera ahora ya como una mujer joven que soy hoy. Yo siempre desee tener cosas difíciles que no se compran con dinero. Siempre mis peticiones eran oídas como cosas imposibles y nadie entendió nunca mis razones para pedir una jaula donde encerrar la melancolía de mi amiga Nina, esa que me enseñó a conocerla a través de sus ojos, un color nuevo para el arco iris, zumo de luna para los jazmines de mi patio, un mar de bolsillo, una primavera en diciembre, una sonrisa para ponerla en los labios de Juana a la que todos coreaban Tonta, Juana la Tonta..... y eso no me lo trajeron los reyes
No, no nos engañemos, no a todos los niños en la noche de reyes se le enciende la sonrisa, a otros niños se les dibujaba corazones de humo y más de una vez he regalado algún regalo de los míos, les ponía otros lazos de colores, cambiaba el color del papel de celofán para que en mis pensamientos fuera cierto que los reyes se habían acordado de mis amigos del fondo de la calle, y no tener que reclamarles, aquellos más pequeños que yo, que ni siquiera tenían madre, a esos que mi abuelo llevaba regalos y dejaba un beso de esperanza colgado en la ventana.
Aún sigo con las peticiones extrañas, y yo, quiero ser una cometa la noche de reyes.
Yo sé para qué…

2 comentarios:

  1. Llegó tarde el post, un 13 en vez de un 6. ;) Me pregunto si aún siguen intactas esa tradición en Huelva?

    Quieres ser cometa sólo una noche o todo el año?

    Un abrazote para que se desvanezca el frío.

    ResponderEliminar
  2. Hola Engels, pues sí, aún sigue la tradición, creo que siempre será así.
    ah yo quiero ser un cometa todo el año, pero especialmente la noche de reyes y el escrito lo hice el día 5 de Enero, pero el seis no pude colgarlo y los siguientes días se me olvidó jeje.
    Hoy hace mucho frío y llueve.
    Besotes

    ResponderEliminar

Huellas.