A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

miércoles, 11 de febrero de 2009

En menos de una semana...




Hacía unas semanas que no veía a Jadír, hoy le vi, caminaba por la Avda en dirección a la estación de trenes, iba abstraído con esa mirada larga sobre la gente y las cosas, de repente giró la cabeza y sus ojos profundos encerraron mi silueta, me llamó y cruzó la Avda a mi encuentro.
- Hola ¿dónde vas princesa?
- Hola ¿dónde vas Fakir?-risas-
- voy a Madrid a un trabajo de investigación.
Llevaba su mochila a la espalda y un macuto de ruedas lleno de libros, era su típica estampa, con su aire tierno y despreocupado, como exento del entorno.

- Faltan veinte minutos para que salga mi tren, ¿me acompañas un rato?
- Si, claro, vamos por ese café.
- Haber Jadír cuéntame, te veo radiante, debe ser un trabajo ese al que vas muy importante para ti ¿no?, tus ojos derraman una luz de fulgores distintos, me ciegas si te miro de tantas chispitas, a que sí… le dije sonriendo.
Jadir es un chico encerrado en una profunda cueva al que hoy me parecía ver que por fin se estaba permitiendo sentir algo de sol en su rostro, me alegraba tanto ver eso, me producía un pensamiento abatido sentir su tristeza acampada en su mirada...
Nos fuimos al andén a la espera de su tren.

- Volveré en una semana, ¿estarás por aquí?
- si, si claro ya nos veremos, estaré por aquí.
Jadír respiro hondo y se relajó.
Me miraba seguido y no sé porqué me pareció que algo de confusión ardía en su interior, estaba distinto.
De repente fue a decirme algo, pronunció mi nombre para llamar mi atención pero el silbido del tren lo eclipsó… ladeé mi cuerpo para mirar la máquina y sentí su mirada clavada en la espalda, cuando me volví estaba al pie de la barandilla subiendo, colocó sus bultos y se quedó apoyado en la entrada del vagón mientras me sonreía, el tren comenzó su vaivén y entre el sonido de los altavoces anunciando su marcha y el de las ruedas sobre los raíles, oí claramente su voz alta de tono y levantando la mano en un gesto de adiós la frase sonó: “ Preciosa rosa del desierto, en menos de una semana vuelvo, no te vayas, te quiero”.
La sorpresa me dejó allí parada sin poder de reacción, ¿qué estaba pasando?
Entonces le vi con su cuerpo a medias fuera del vagón y me pareció como si estuviera a punto de lanzarse a los enormes precipicios de arena de los desiertos áridos de La India, o arrojarse a ese laberinto salvaje de la naturaleza húmeda del Ganges, confiando en que yo, lo rescatara… pero yo no lo salvé, más bien lo salvó el silbido del tren, así no le dio tiempo a oír mis palabras que hubieran rajado su herida aún abierta… y en el interior de esta rosa del desierto, empezó a librarse una batalla que Jadír bien sabía que iba a perder.

Me sentía abatida, mezquina, porque en su arrojo, en su caída, yo lo dejaría estrellarse contra el suelo, caminé a la salida con el apuro de buscar una solución antes de”menos de una semana”.
Yo no podía dañar a un alma que ya estaba dañada, ¿Cómo hacerlo? Para no ser un puñal y no partir su corazón en dos, su corazón apenas recompuesto, sería un estoque en la misma cicatriz de la vieja herida… ¿porqué me pasarían a mi estas cosas?

Empezaba a llover y mi corazón latía a golpes sobre mi pecho, tenía que encontrar las precisas palabras para no echar sal a las heridas del amor, pero ¿acaso existían?
No existen palabras leves, inofensivas, para un corazón que recibe el rechazo, pero estaba segura que Jadír lo entendería, el vivía sobre una distinta filosofía, y yo sobre la mía y sobre el pilar de la libertad, siendo siempre fiel a mi misma y lo que sentía…
¿Pero no era Jadír quien no creía en el amor?

Entonces apurada recordé las palabras sabias: “La caridad empieza por casa, no te dañes a ti misma y así sabrás como no dañar a los demás”
No escucho tu voz- Señor Alejandro- pero si sé dentro de mí, lo que me quieres decir.
Te estoy escuchando.

o como decía mi padre: “ Siempre primero mira “pa dentro” que luego mirarás mejor fuera… según en qué aspecto claro…
Jadír lo entenderá porque él antes de acceder al portal de las palabras ya accedió al del pensamiento… Ay Jadír cuánto lo siento…
Pero sé que tú llevas los bolsillos llenos y sabes caminar tres lunas en los zapatos ajenos…
Otras… en algunas noches bajo los chorros de zumo de luna y sobre los geranios del patio, sacuden el alma y la cuelgan sobre el tendedero, intentando que el aire la haga transparente y absorba toda la sal de los mares Colombinos buscando motivos, como por ejemplo, no hacerte daño…

Sea como sea en una semana Jadír estaré por aquí, no me habré ido.

6 comentarios:

  1. "Yo no podía dañar a un alma que ya estaba dañada, ¿Cómo hacerlo? Para no ser un puñal y no partir su corazón en dos, su corazón apenas recompuesto, sería un estoque en la misma cicatriz de la vieja herida… ¿porqué me pasarían a mi estas cosas?"

    Algo dificil es decir algo sin dañar a esa persona, pero la vida no para alli, continuo y aunque a veces golpea fuerte...

    Un Beso para ti , Karol_a

    ResponderEliminar
  2. Bueno, los rechazos son como un baño de agua bien fría. Luego se nos pasará el temblor.

    Lo que me parece curioso es que esa declaración llega en un momento en el que se va. Es una tortura imaginarse tantas cosas que no serán durante toda una semana.

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Asi me dará tiempo a mi en "menos de una semana a reaccionar y a buscar la solución para no dañar al menos no demasiado.
    NO?

    HOLA ENGELS, DICHOSOS LOS OJOS....
    :)

    ResponderEliminar
  4. Eres muy dichosa! Entonces. ;) Bueno dichosos son los 'Huelvanos' que te ven toditos los días, esos sí que lo son. ;)

    ResponderEliminar
  5. jajjaja Baackkk , eres tremendo, con esa capacidad que tienes de respuesta y además buena, chico listo. y Guay.
    Soy dichosa cuando mis amigos se dejan ver, no porque les vea en si con ojos y demás, sino por lo que me aportan al espíritu... uno eres tú...
    Besitos.

    ResponderEliminar
  6. Gracias Karolita, con tu radiante personalidad también aportas mucho a este espiritutito mío.

    ResponderEliminar

Huellas.