A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

lunes, 27 de abril de 2009

Sin Noticias de Dios_2

Nigeria estaba bajo el dominio Inglés cuando descubrieron ricos yacimientos de petróleo, cuando consiguió su independencia fueron en su gran mayoría militares los que compusieron su gobierno, y convirtieron el crudo en un arma para permanecer en el poder, lo que originó una falta de unidad política y social y a esto le sumamos los conflictos étnicos, que han sumergido al país en una violencia aguda produciendo muchos muertos, muchas empresas ha cerrado sus industrias en aquella región y ha propiciado una decadente pobreza.

No estoy demasiado al tanto de los detalles pero sobre todo las personas jóvenes en su mayoría hombres abandonan sus hogares por diversos motivos graves y se echan a la suerte de las pateras para buscar un mejor futuro en otros lugares antes que morir de hambre o a causa de la violencia.

Las familias Nigerianas suelen ser de muchos hijos, la mayoría de ellas tienen al menos ocho y muchas de ellas o a casi todas se les han marchado todos los hijos, de la que hablo en cuestión son ocho hermanos y casi todos los que son hombres se marcharon…

Thomas es uno de los de edad mediana de una familia Nigeriana, su niñez y su juventud han sido muy duras, es duro no tener trabajo, y mal vivir una familia de tantos miembros, sin luz, ni agua, trabajando de sol a sol en tierras áridas o en tierras negras de petróleo bajo el mando del látigo de los explotadores, bajo la amenaza militar o sentirse cada noche agradecido de no ser muerto a manos de las etnias contrarias.

Un día Thomas, decidió jugarse la vida en las pateras, iría tramo a tramo, hasta llegar a España, sus hermanos eligieron otros destinos, alguno por ser demasiado joven esperó a crecer como él, y más tarde salieron, con algunos de ellos jamás se ha vuelto a ver, alguna llamada que otra desde lejanos puntos. Ocho largos años tardó Thomas en llegar a su destino, de patera en patera, aguardando con sufrimiento y paciencia la próxima, cruzando fronteras de mares, en las que esperó años malviviendo, explotado, maltratado, pasando hambre, escondido como si de un animal se tratara, ocho años de su vida, malgastados, esos que trae marcados en su mirada que se llama tristeza, en sus ojos cansados de no dormir la noche oscura, tenaz y valiente persiguiendo sueños, sobreviviendo y luchando con la injusticia, las carencias, la desesperación y el idioma, la soledad física y la soledad del alma, haciendo caminos quien sabe si a la nada, con muchas heridas abiertas, conociendo la distancia necesaria para vivir entre lágrimas, resguardándose como pudiera para que no lo atrape la muerte, aunque lo atrape el hedor nauseabundo de la miseria…¿ Podrá Thomas cantar algún día? Si, no lo dudo, porque no sé porqué motivo extraño, sonríe y es sumamente amable y respetuoso con el prójimo…

Y un día se abrió el telón y empezó a rememorar los sueños que no fueron, llegó por fin a España, con ese increíble descanso de quien grita Tierra, como una tierra prometida llena de incógnitas pero por fin puso el pie cansado y exhausto, por la espera de tantos años en el fin de su itinerario, y en sus ojos un velo de discursos de futuro, de ilusiones, de esperanzas, aunque sabía que los restos del naufragio seguirían…y se abrazó a la tierra, se revolcó en la arena que mezcló con sus lágrimas…

Apresúrate muchacho, aún es tiempo de reconciliar tus miedos y los laberintos de designios en los que el dolor no sea el único superviviente… pero, ¿y el hambre? el hambre del estómago, del corazón y de la mente…llegó y ahora tendrá que luchar con el desamparo en un país amable pero extraño, luchar con la soledad, ahora sería un “simpapeles” pero estaba vivo y no muerto, los cadáveres no tienen imaginación, pero él está vivo… Detrás quedaron los suyos, la falta de noticias, el sufrimiento y el miedo de quienes lo crearon y lo amaron...

Hermano.

Amor desearía en la atadura
Que la sangre a diario me reclama,
Un instante africano que se inflama
De hambre injusta y ciega locura.

Amor para dejarme a oscura
La visión dolorosa que derrama,
El inmigrante que a la puerta llama
Y no halla respuesta a su amargura.

Amor para el paisaje inhumano,
Formar parte de otra tierra diferente
Sin distinción del color de la mano.

Beber agua de esa única fuente
Donde brote la palabra hermano,
Y un mundo de sólo un continente.


Continuará…

2 comentarios:

  1. He leído tus dos entradas más recientes. Mientras espero el desenlace, quedo maravillado por tu sensibilidad y por la dicha de que puedas derramarla en las palabras. Gracias por los textos.

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  2. esas cuestiones fundamentales, ese llorar son parte del ser humano, cada vida tiene su propia travesía y destino, el dios justo presente de mucha gente no existe y el dios injusto y ausente tampoco, existe una fe, lo puedes tener vos o yo u otros pero es muy independiente casi personal, saludo fervientemente lo que narras lo concreto que es, te seguiré siempre.

    un abrazo!!

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Huellas.