A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

lunes, 20 de abril de 2009

Veranos Andaluces.


El cambio climático se está manifestando claramente en Andalucía, la inestabilidad se nota cada vez más, en estas fechas generalmente solía hacer mejor tiempo o al menos no había estos cambios tan bruscos, antes los inviernos eran inviernos, la primavera primavera y los veranos eran veranos, sin tantos desajustes, yo espero que el verano que se acerca sea como los de siempre, esos de los que tengo tan buenos recuerdos, esos del sol en las paredes blancas, los jardines chirriantes, las charlas al atardecer bajo los porches, los días sin interrupciones de playa y las noches a la luz de la luna descalza por la arena, aquella existencia de mi adolescencia anclada en la belleza del espacio y en la visión perfecta y plácida del transcurrir de las cosas, aquél acercamiento al cielo azulísimo desde las terrazas con las sensaciones de capturar trozos blanquísimos de nubes… y los colores estallando a mi lado.

Aquellos veranos que pasaban por mi vida con una música de ritmos cómodos, de aquella chica que miraba al mundo con la serenidad de los que no tienen grandes problemas, de quien vive tranquila pero con un gran punto de curiosidad por las cosas.
El verano me gustaba más que la primavera, aunque reconozco que tenía pasión por las tardes de invierno estudiando o escribiendo y viendo el trasiego de la lluvia golpeando los cristales de mi ventana, pero en el verano se producía en mi una curiosa combinación de sentimientos en el pasar lento de las horas mientras caía el sol aletargándolas, y a la vez una sensación de fuerza y energía se descargaba por mi cuerpo, era algo que yo no sabía explicar ni entender, me sumía en una pereza en las horas altas de sol y al mismo tiempo aquella luz intensa de “la costa de la luz” que desnudaba el cielo y la tierra sin reparo, me aumentaba las ansias de vivir y de hacer cosas.
En el jardín los grillos componían sinfonías sin pérdida de tiempo, y sonaba una orquesta cuando empezaba a girar la noche…y cuando luego todo quedaba en silencio, era bellísimo el silencio plácido de la casa y de los patios. Por la mañana me despertaba con la luz aullando a chorros por la ventana y una pequeñas gotitas de sudor resbalaban por mi cuerpo a la vez que brillaban como una llovizna de pequeñas luciérnagas, y que mojaban mi trenza rubia que mi madre me había llenado de jazmines la noche anterior, y me despertaba sintiendo a la vez la pereza con el afán, era una inexplicable quietud llena de prisa que yo solo sentía en verano, que no sabía explicar, aquella sensación de dejar el cuerpo inmóvil mientras sentía el deseo de saltar con el calor húmedo que se abría caminos sobre mi cuerpo, el aire se hacía pesado y una extraña sensación de eternidad reptaba por la estancia y luego, después de darme un baño y desayunar sentía que vivía alerta y expectante a todo lo que miraba o hacía, sin llegarme el tiempo mientras pasaban las horas muertas delante de mis ojos que buscaban sitios por donde volar, descubriendo cosas nuevas de la naturaleza y de mi misma, entre el olor de las últimas fresas y el de la tierra.
Hay situaciones que se nos quedan grabadas en la memoria, momentos de la vida en los que tomamos partido y otros que dejamos volar el instante permitiendo que se vaya con el aire, algunas cosas las anotaba en mi cuaderno de anotar la vida, si no las retenía, huían deprisa y antes de que pasaran de largo yo las escribía, porque sentía que las mejores épocas de la adolescencia, no son todas conscientes, nos habla todo alrededor incluso nuestro cuerpo y entonces la mente a veces abandona sus discursos, yo, quería atrapar la transcendencia, con los sentidos alertas a punto de cazar cualquier indicio, sin lógica ni razón y aquello solo me pasaba en verano o al menos tan diferente, tan sensitivo…
Y a mi me encantaba perseguir latidos que otros no retenían como hojas de papel que se escurren entre las manos cuando pasamos las páginas del día a día, yo las anotaba en aquellas tardes de jazmines y limones cuando llevaba la curiosidad escrita en la cara…entonces era una adolescente que caminaba en una nube con aires de princesa sensible y romántica, en esos días en que la vida te parece que es como la ves y que no se transforma, en la que sientes que tienes el corazón robado por todas las cosas, y que todo se llama entusiasmo, un rincón del mundo donde todos nos queremos quedar a vivir, al menos yo…en el que todo tiene el color de una rosa en primavera o el de la sangre que se fija en un lienzo blanco a lo que llamamos pasión, pasión por la vida, por las cosas, por saciar la curiosidad y descubrir y descubrirte a ti misma en medio de todo y entre todo… Ah los veranos de mi adolescencia…

1 comentario:

  1. En tu tierra como en la mía se vive esa inestabilidad climática, creo que nos descuidamos y nuestro planeta esta recargado de insolentes y abruptos humanos, el relato de tu niñez y adolescencia me llena de recuerdos plenos, dulces, tan soñados y extrañados, los recuerdos son maravillosos, y saber que los disfrutabas con el corazón en cada latido, es saber que tienes muchos latidos y muchos sueños por vivir, preciosa entrega.

    Besitos

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