A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

sábado, 9 de mayo de 2009

Ayer coincidimos en un Concierto...


Yo pienso que te he olido desde
siempre,
empapada de helechos
y de fresas,
entre las hojas y las uvas
de la parra de mi patio…

Ahora después de oler
el rotundo aroma del tiempo,
agotados ya los edenes prometidos,
me sabes a ermita y clorofila…
será porque he crecido…



No dudo que fue hermoso,

a esas edades,

la lluvia y el sol...

se beben a sorbos presurosos...



Pero sin embargo,

la vida se impregna

para siempre

de ese primer sorbo

en que te bebes

el aroma y la quimera del mundo,

esponjada de verdores y frescuras...



Siempre queda el recuerdo, rebosado de ternuras

cuando en las tardes de olivos y naranjos,

el corazón canta recordando...

Y en este verso hoy,

estoy cantando...

y ayer,
en el concierto con las manos y el corazón en alto
a ritmo de la eléctrica,
los dos cantamos.









2 comentarios:

  1. Todo tu poema está impregnado de esos sutiles regalos con los que la naturaleza nos premia y que pasan a formar parte de nuestra memoria emocional y la dejan tatuada de indelebles sensaciones: un olor, una visión, el roce de una mano, briznas de hierba... ese esponjamiento de verdores y frescuras que comentas.

    Un abrazo, Karol. Es decir, otro.

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  2. Gracias Dédalus. Si nuestra memoria está cargada de verdores y frescura y qué bueno no?.
    Un abrazo escribidor.
    :)

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Huellas.