A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

jueves, 9 de julio de 2009

Batallas.

Ernesto camina por la calle,

su aliento aún calenturiento

se corta por el viento,

serena el corazón y altera su razón.


Entre dientes mastica su vergüenza

¿Porqué prometo que no voy a volver

y luego vuelvo, una y otra vez?

se pregunta sin ánimo de respuesta.


No quieres darte cuenta Ernesto,

que tú en estos sitios, solo eres un viejo,

Iser es extranjera y no buscó otros medios,

lo hace por dinero, pero es joven

tiene veintitrés y tú, setenta y tres…


Y tienes una mujer

a la que le llevas tres,

tus hijos también son tres,

y el menor, a Iser le lleva diez…


Ernesto va expulsando la vergüenza

a medida que delira:

“No voy a volver,

por dios Ernesto, no te ves…

los brazos te cuelgan la piel

como si la estuvieran secando,

la espalda cruje al levantarte,

las piernas se te doblan

a causa del reumatoide

y todo lo demás... Abstracto

lo tapa el vientre…"



El viento frío de la noche,

lo ha desaturdido,

y camina del prostíbulo a su casa,

dejando atrás, la llama y la mirada.


Pero Ernesto es terco, piensa en Iser

y la inspira a bocanadas…

“Cuando me sorprenda la muerte y su mirada,

mejor que no me coja vacía y seca las entrañas”

_piensa él_

1 comentario:

  1. Los vacíos -cuando se instalan en nuestra alma- nos rompen por dentro y crean una sed que no se calma con nada... salvo con el objeto de nuestras necesidades y anhelos. Nos convertimos en vícitmas de nuestra propia debilidad y recorremos mares oscuros en una triste deriva. También esta es una de las caras de la vida...

    Excelente y cruda descripción que hiela el alma.

    Un gran abrazo, querida amiga.

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Huellas.