A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

jueves, 27 de agosto de 2009

Historias Contadas_ María Y Ramón.


Ramón era un buen hombre, trabajador, tímido y muy serio, tanto, que nunca supo expresar sus sentimientos con palabras, pero si te miraba, antes de bajar la mirada, ya habías leído en ella lo que pensaba, aunque nunca lo dijera, es una virtud que poseen los que hablan “pa dentro”.


María era su reverso, alegre, espontánea, sana e ingenua, era la alegría de su casa y sus vecinos, los mismos que se preguntaban que habría unido a Ramón y a María… tan distintos, tan contrarios…


María se llenó de silencios con el paso del tiempo, se le secaron las ilusiones dentro, perdía la sonrisa y la alegría dicen que de tantas carencias, Ramón se pasaba la vida en la era, cuando no era su cosecha de trigo, era el olivo o la del vino, trabajaba de sol a sol y cuando llegaba a casa, nunca miraba a los ojos de María, que ya ella hacía tiempo que cerrara…


Ella se fue un día del pueblo, abandonó a su marido con una niña de seis años a las puertas del mismísimo infierno, partiendo su vida en dos y cargando a sus espaldas además del dolor, las consideraciones falsas de unos cuantos que decían ser sus amigos.


Así dicen que son las cosas en la vida, del árbol caído se hace leña y mucho más en un pueblo donde el qué dirán era el centro de las apariencias, María en su muerte interna arrastró a su marido a la hoguera sin pensar en las astillas lacerantes que se añadían al corazón silencioso de Ramón.


Pero nunca salen las cosas como se piensan, y quedó mutilada desde el mismo momento que cruzó aquella puerta, solo una parte de su vida le acompañó en aquella empresa, la otra, empezó a morir de melancolía desde el mismo momento que no se quitó la imagen de su hija.


Aunque resulte difícil de entender, María quería a Ramón y mucho más a su hija, pero ese amor no fue capaz de impedir que ella se fuera vaciando de todo, que dejara de sentirse llena cosiendo a la fresca, de cuidar sola a su hija y de darse cuenta que no tenía amor ni una vida llena, nada más que de carencias…


Al principio María se arropaba con el amor de su marido que incluso a veces pensaba que se lo imaginaba, siempre fue una chica distinta, con aspiraciones, que no conseguía adaptarse al orden de las cosas de un pueblo muerto en el mismo centro de Castilla, y poco a poco se fue marchitando por fuera y por dentro, los años parecían ser doblados y se llenó de hambres, y previó el futuro adyacente como una simetría del pasado y fue entonces cuando creyó en el destino…


Ni siquiera su independencia y su trabajo, pudieron apartarla del recuerdo, y desde la misma noche de su ida, escribió más o menos estas palabras en una carta que nunca fue enviada, y que durante treinta y cinco años leía María a diario sin poner destinatario, carta que fue leída y doblada trescientos sesenta y cinco días multiplicados por treinta y cinco, así sus bordes estaban tan ajados… de tanto doblarlos...


María siempre supo que nunca tendría perdón, así que el filo del rechazo, iba partiendo a María en pedazos durante todos esos años, y se fue pudriendo de ausencias sin pensar siquiera en el camino del retorno, ella pensaba que el castigo en ella había sido más duro y más justo, porque pagó con moneda de sufrimiento el error de haber renunciado a su hija y a su marido, en pos de una quimera… Pobre ramón, y pobre María…


Ahí quedó María ahíta de pena, sangrante de olvidos, sin saber como era la cara de la mujer que de niña fuera su hija, buscando entre soledad y remordimientos, los abrazos viejos…


La carta nunca fue enviada y el corazón de Ramón desmembrado en jirones no aguantó más de aquellos treinta y cinco años y María ya con la poca dignidad de la que dispone, les dice en el mismo silencio de Ramón que les quiere a los dos, María murió leyendo la carta que nunca leyeron y que ella desgastó de tanto hacerlo… ojala y se encuentren en otro lugar donde ya sin silencios se digan Te Quiero…

2 comentarios:

  1. "se fue pudriendo de ausencias sin pensar siquiera en el camino del retorno".

    Me quedo con esta frase, en un texto impregnado de tristeza y dolor.

    Besos grandes, amiga.

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  2. La vida tiene caminos insospechados en los que el dolor no está reñido con la belleza. Y es un ramillete de rosas y ortigas en el que uno se pierde aquí o allá sin saber cómo ni por qué.

    Triste y bello realto, apegado -como siempre- al sentimiento.

    Un gran abrazo, Cinta.

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