A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

jueves, 17 de septiembre de 2009

El abuelo y su princesa.


Te abrazaré fuerte princesa-le dijo su abuelo.


Mientras le pides grandes cosas a la vida, te veré crecer y cuando tengas el nudo del desconcierto y de los cambios, espero estar a tu lado para ayudarte a desatarlo-siguió diciendo-.


En aquellos tiempos ella se sintió segura, como una princesa de verdad custodiada por todos los ejércitos…


Aún no sabía que la permanencia en el mundo, en la vida, no lo decidía el deseo… y murió su abuelo… en el peor momento.


Todas las tardes cuando la casa se adormecía sometida a su calor interno, la princesa abandonaba la protección de aquellas paredes y atravesaba el jardín, lo cruzaba en un vuelo, empujada por todos los vientos, como si llevara aire en los zapatos, y emprendía la ruta a la terraza, bajo la luna y las estrellas y se sentaba en el banco abrazado de enredaderas, y allí, soltaba su pena.


Las palabras y los pensamientos venían después…


Era demasiado pequeña para saber entonces que la existencia era una fuente continuada de sorpresas, aunque lo intuyera, y en aquellas escapadas en la noche después de que su abuelo se fuera, hubiera querido detener el universo y buscar en ese cielo la sonrisa de su abuelo, como un remedio para el desconsuelo.


Ella presentía que estaba cerca y no tenía porqué ser en el cielo, pero en aquellas noches estrelladas bañadas de zumo de luna, pensaba que era el mejor sitio para hallarlo, aunque siempre supo que donde seguro estaba era en su corazón, lugar que nunca abandonó.


-Abuelo dame un beso en los ojos.

-Claro que sí… ¿y porqué en los ojos princesa?

- para que cuando los abra aunque no estés, siempre vea como los besas.


Qué ingenua es la infancia.


Los grandes ojos azules de su abuelo se llenaron de sorpresa y le dio dos besos en cada ojo a la princesa.


Y esa imagen quedó grabada para siempre en el banco abrazado de enredaderas, iluminado por la luna y las estrellas.


Desde entonces es en ese lugar donde la princesa se siente custodiada por todos los ejércitos.


Desesperadamente y no sabe si de forma inútil, la princesa ya sin traje ni corona, se echa a andar en un vuelo buscando el banco y su consuelo, y allí siente el abrazo eterno de su abuelo y una brisa fresca que le besa los ojos, y dice te quiero sin esperar respuesta, mientras la luna se aposenta y dibuja una sonrisa en el cielo, y la princesa busca su alma en el silencio de las cosas sencillas, tan perdida, tan sola, tan negligentemente volcada a la vida.

3 comentarios:

  1. Princesa... ven, yo te besaré los ojos.

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  2. Me llena de ternura la princesita de tu historia.

    Con la edad, además de aprender a amar (por cierto, un camino sin fin), me he ido colmando de amores que, por mucho que reparto, no dejan de crecerme. Y si ayer era a la mujer, y a los amigos, y a la luna, y a la madre… hoy se han añadido la tierra seca, los ríos revueltos, las heridas que no se cierran y la vida entera.

    Por eso dejo mi cariño a esa niña de tu historia, que busca en su mirada los besos que siempre desearía sentir y que solo en sus ojos cerrados podría revivir. Y me atrevería a sembrarlos con los míos si no fuera porque solo hay unos labios y unos ojos verdes y una imagen prendida en el fondo del corazón que den sentido a la escena.

    Si acaso, me atrevería a dar un caluroso abrazo a esa niña, una vez mujer, seguro de que seguiría jugando con las palabras y los afectos intactos de su niñez.

    Precioso, como siempre. Compruebo que los videos se dejan domesticar y que poblamos los silencios con entrañables sintonías. Maravillosa música también…

    Un gran abrazo.

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  3. Hola Trovador.
    Tus comentarios a veces me arrancan la sonrisa, otras me arranca un escozor de lágrimas y las demás veces me dejan ver mi ternura porque la tuya que va por delante me hizo ver la mía verdaderamente.

    Gracias mi querido amigo.

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Huellas.