A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

viernes, 4 de septiembre de 2009

Isabel...


Hoy me ha llamado por teléfono mi querida vecina Isabel, que aunque mantenemos contacto desde que se fue con su hijo Pablo, hacía tres semanas que no sabíamos una de la otra y no sabe ella cuanto la extraño, ella es como mi segunda madre.


Me contaba que ahora que estaba cogiendo confianza con su nuera (que mucho le costó, dice que es más seca que un esparto al sol) que su nieto estaba encantado con ella, y que su hijo había recuperado la tranquilidad de tenerla cerca… ahora… que mala suerte la suya-se lamenta- su hijo y su nuera decidieron tomar cada uno su camino a solas.


Pablo, no acostumbra a tener grandes charlas con su madre Isabel, pero esta vez, se sentó con ella en la terraza y bajo el manto protector de la noche y las estrellas, le cuenta…


Que una mañana, abrió sus ojos en la cama y la realidad lo golpeó con toda su fuerza, estaba acompañado y se sintió solo en el lecho, solo en su casa, solo por dentro, que la soledad se había ido haciendo larga, que le rebosaba desde su pecho, se derramaba por el entorno, y llegaba hasta el infinito, cubriéndolo todo… a Isabel se le nublaron los ojos.


Pablo se levantó y se apoyó en la baranda de espaldas a su madre, para que esta no viera como las lágrimas avanzaban por su cara como un niño perdido en la tormenta.

Suspiró.

Isabel también, y no hizo nada para evitar el llanto de Pablo, en silencio dejó que la lluvia limpiara los dolores, e hizo el llanto suyo.


Isabel me contaba que espera que los corazones de ambos, sigan enlazados y los pensamientos sincronizados y que puedan salvar si es que pueden, lo que han anidado durante años de relación…


No supe que hacer más que desearle suerte y darle ánimos a Isabel, la pobre ya tiene bastante, además yo quién soy para opinar o aconsejar, no soy nadie, pero si les deseo lo que sea mejor para ambos.


Nosotros, estos seres desvalidos avanzamos contra el viento y las inclemencias, avanzamos de frente junto a nuestros miedos, a veces resignados, y otras luchando a muerte en el intento de amar y ser amados, cada uno con sus armas en el corazón y en nuestras manos, dispuestos a luchar contra los enemigos entrenados, la desconfianza, la extrema prudencia, la dejadez, la coraza de metal, las montañas de hielo y tantas cosas más… sonreímos, lloramos, en las lunas llenas, en el sol que curte y quema, entre las luces y las sombras … luchamos, al ataque nos lanzamos, a veces la bandera ondea al viento, y otras, nos derrumbamos heridos, desahuciados…


Y aún así, cuando quiere el tiempo y las ganas, volvemos a izar el estandarte y a probar de nuevo… menos mal que eso es innato... instinto de ser, diría yo...


Así es, así fue y así será, tanto en los que estamos, en los que se fueron y en los que vendrán, pero siempre hay guerra y paz, luchas, batallas perdidas y ganadas, porque las cosas no son fáciles en nada, y lo mejor es sostener la resistencia y nunca desarmarnos, aunque, ¡Cuesta tanto!, pero yo, frenética, siempre con la bandera ondeando al compás de la cadera… Suerte Pablo, piensa que en la mitad de la batalla, el sol, siempre sale para iluminar los restos de todas las guerras… Un Beso Isabel.

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Huellas.