Ayer vino a mi casa mi querida vecina Isabel, ha vuelto a solucionar unos asuntos de una casa de su familia. Por la noche fui a su casa y me dijo que me quedara un rato a charlar con ella, le dije que si.
Está más doblada que nunca y muy delgada, será que su edad es más grande, sin embargo, la encontré muy lúcida y con mucha firmeza en sus pensamientos.
Me contaba la vida en Bruselas, no es la tranquilidad que busca ella, pero estaba contenta.
Me comentaba su tristeza por el estado del País y del mundo en general, se ve que está muy puesta, sigue siendo la misma maestra, mujer de un republicano de la guerra.
Decía más o menos:
Ay mi niña, el mundo está muy cambiado, lo cambiamos a destajo,
La vida perdiendo su equilibrio, y el mar su claridad,
Aunque ya no hay nada claro, ni siquiera es justo el horizonte,
Se vive todo tan material, que no importa si se pierde la dignidad.
El inmoral no se asombra,
Mientras note completo el bolsillo y a quien queda aún digno, se le ciegan los sentidos.
Se equivoca el tacto y la palabra, como se equivocó la paloma, no sabe si camina por los mares o navega por las lomas…
Hasta el rostro amado abre sus fauces ¡Hija mía qué desastre!
Ya no hay términos medios, o eres ateo o fanático.
Y en vez de alzar la voz y poner el grito en el cielo, -por si acaso- ahondamos el hueco que llenamos de silencio.
El mundo tiene moho, la esquina fría y al labio amargo.
Nuestro habitad se revela, vuelca olas al asfalto, retrocede sin clima y nos castiga…
Se oye un reclamo de pájaro y no hay luz en ningún faro.
Se han perdido los valores, tanto tengo tanto valgo, aunque sea a punta de violencia y de desfalco, de piratas, terroristas, tahúres, sinvergüenzas y una larga lista…
Se equivocan nuestros pasos… ¿Dónde vamos?
Madre mía Isabel, nunca mejor dicho, que eres como mi madre, pero me has dejado caos en unos pocos instantes., sobre todo cuando me has dicho aquello de “ no sabes cuánto hemos corrido los estudiantes y los que no lo eran, delante de las fuerzas del orden en pos de la justicia, no comprendo de qué pasta estáis hechos, no comprendo el marasmo, el conformismo a estos extremos, ¿A qué tiene miedo la juventud de hoy?
El cobarde deja de serlo cuando se enfrenta al valiente, o es que ahora no se tiene la sangre caliente… sobre todo cuando ya hierve”.
Confieso que se me saltaron las lágrimas y me dejaste sin argumentos porque pensé que era cierto, pero cuando me di buena cuenta de eso, guardé silencio, quería disfrutar de su opinión, no de la mía.
Debéis procurar quitaros de encima tanto parásito y llevar las cosas al camino de la honestidad, solo así se cuidan las riquezas, lo mismo de una casa, como de un país, como la del mundo, la línea recta es el camino para llegar antes y mejor a todas las cosas, a todas las personas, directas al corazón y no a la cabeza, que este a la honestidad la tiene alojada en su casa y le tiene confianza.
Pues sí Isabel, como siempre tienes razón y como siempre consigues emocionarme, e interesarme, eres una buena persona dentro de una maestra. Un beso Querida Isabel. Quédate.