A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

martes, 24 de julio de 2007

Paisaje...


Me gustaría que estuvieras aquí para que pudieras divisar conmigo estas nubes como olas detenidas en el cielo, sus filos de un níveo sereno, como si un sol ahora muy lejano hubiese dejado ahí, al retirarse, sus huellas. Abandonadas, forzadas a entrar en la oscuridad de la noche, veríamos la calma final de estas nubes, el esfuerzo inenarrable -la serenidad- con que guardan los fulgores, los últimos latidos de la luz en sus cuerpos. Sí, me gustaría que estuvieras aquí para oír de tus labios la quietud que precede a la muerte del paisaje, para ver en tus ojos la luminosidad final -anuncio de la aurora-, la abrumada blancura de estas últimas nubes contenidas en el cielo que muere.

Deseo de altruista placidez solar. Imágenes de salpicaduras de olas infinitas, del límite indeciso entre la arena seca y la impregnada de agua y sal. El verano de la costa de la luz: estación total. Las manos en el agua, los ojos sobre la indecible lejanía, una llamada, la acogida silenciosa, y la cita de la tarde. La isla saltés al fondo, para que el nadador vaya más hacia afuera. Hacia la casa sin nadie, hacia las aguas del sol, hacia la línea indescifrable que marca el horizonte.

Mis paisajes: una hermosa cenefa de sol en la pared blanca; ese mismo sol entrevisto a través de los párpados cerrados, recordado como un sol de otro lugar y de otro tiempo; las nubes apiñadas, oscuras, después, esas nubes diseminadas, separadas por grandes claros azules, como si la luz hubiera querido renacer desde el fondo del cielo. Oigo la licencia de los pasos de la tarde, su sereno acontecer, mi serena paz en su latir. Sus rostros, sin cesar trocados y rehechos como si buscase un rostro necesario o la ausencia de rostro. Y más allá de toda serenidad y de toda inminencia, yo sentía el sigilo, la soledad, la herida del tiempo, el transcurso de la ausencia, el obligado paso del tiempo entre mis pasos.

La playa poblada ahora por nuevas imágenes, por una nueva esperanza, por un amor nuevo que acaso podría acontecerlo todo. En el cielo, allí en lo alto un pájaro, ¿Debo pensar que lo sombrío se vuelve prueba extrema de la claridad? Si es así, que el canto punteado y hermoso de este pájaro acompañe siempre mi viaje hacia el retorno eterno de tu amor y me encuentre allí como” Libre Gaviota” en los surcos quiméricos del Sol.

2 comentarios:

  1. Te invito tambièn a "Palimpsesto"...

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  2. Bonito texto... Aunque confieso que un poco difícil de seguir en ciertos tramos... Pero intenso, sincero, audaz, con el sello del amor y la distancia impregnada en cada una de sus palabras...

    Me gustó...

    Gracias por la visita al rinconcito escondido de mi blog... Pasa por ahí cuando quieras... Serás siempre Bienvenida...

    Un abrazo...

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Huellas.