A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

lunes, 15 de octubre de 2007

Me gusta la Noche.


Me gusta la noche, esa hermosa dama negra de castas pupilas, que boga en su esquife de plata, esa que reina en las sombras, que nos trae en sus pliegues la dicha mientras los sueños baten sus alas. Y me gustan esas pálidas brumas de las tardes de invierno, ese momento que la tarde muere, la luz fenece en el que el ruido mundano cesa y puedo oír nuestras dos compasadas respiraciones.

Amo la rosa, y los claveles de sangre y fuego, las notas de la música como suspiros que pasan.

Y me gusta ver el día coronarse de colores y sentir como el sol entra por mi ventana y recorre los surcos de mi cuerpo y ver la creación entera tempranito, al alba, al alba; y me gusta todo eso porque me gusta la vida, yo, soy la vida.

Ahora son las primeras horas del día, una luz tenue, opaca, cae sobre el campo, el horizonte es de un color violeta nacarado, cierra la vista una neblina tenue, y sobre ese fondo difuso, dulce, sedante, destacan las casas blancas de mi pueblo, se perfila pina, gallarda, aérea la torre de la iglesia y emergen acá y allá solitarias unas ramas curvadas, unas palmeras,

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