A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

lunes, 11 de febrero de 2008

Rescatar las Cosas de la Memoria.

La pérdida de alguien muy querido y vital en la vida de una niña de apenas trece años, no da para más… pensar ¿qué pasara ahora? ¿Dónde ir a buscar aire suficiente para poder respirar y continuar la vida sin su ausencia? ¿Quién y porqué me roba su imagen?

El dolor que nació de esa pérdida no fue hecho de estridencias, no fueron esas demostraciones de pena en las que participan el cuerpo, la voz y los gestos, en aquella niña no hubo arrebatos ni excesos… fue una pena honda, callada, que surge de la imposibilidad de moverse, como cuando se paraliza la vida.

Una inquietud formada por preguntas que no encontraban respuestas, donde predominaba la pena, mezclada con una incredulidad de confusión, de miedo y de soledad.

Después de la muerte de su abuelo, que fue como su padre, se quedó sumida en un silencio eterno. Por las noches cuando todos dormían se deslizaba silenciosa por los pasillos de la casona del pueblo, buscando el único consuelo para su pena, encerrarse en la habitación biblioteca de él, donde toda su corta vida, había compartido sus enseñanzas, las lecturas, los juegos y sus pensamientos y conceptos.

Por el día no tenía mucho tiempo, el colegio, su madre, sus hermanos y más que nada la prohibición de su padre de que se encerrara allí a solas con su pena, no le permitían visitarla.

Ansiaba las noches pues la pena prolongaba la sombra, esperando en ella ver la imagen de su abuelo entre sus cosas y no tenía miedo, con el corazón de cristal cada noche una tras otra, esperaba y esperaba hasta que su padre la iba a buscar y en sus brazos la llevaba a su cama dormida y a veces se hacía la dormida para evitar la regañina, ella lo sabía, a veces se arrebujaba en la silla de él, mirando con ansias los rincones, la puerta, leyendo con avidez páginas tras páginas de sus libros, por si recibía un halo de su presencia, ¿Cómo podía nadie así de un día a otro desaparecer? , eso era imposible, su abuelo volvería, porque sentía su aroma, su esencia en todas las cosas, en todos los lugares, en el interior de su corazón desconcertado.

En la noche, en la silla allí sentada, semicerraba los ojos con su imagen grabada en su pupila a través de la cual sus ojos habrían de navegar, hasta que sus pestañas caían vencidas tapando su iris como un velo negro sumiéndola en el sueño y en la oscuridad; entonces era cuando llegaba su padre, la envolvía con los brazos tiernos del amor y alguna vez le oía decir: “Mi niña no hagas esto, que me vas a matar de pena” y así un día y otro, hasta que…

La noche siguiente el pomo de la puerta no respondía, con la fuerza, la impotencia de su menudo cuerpo, pero de su desmedido afán, que salía desde su corazón, pasando por todo su cuerpo y se alojaban en sus menudas manos, empujaba una y otra vez el pomo con tesón.

¡Pero no¡, su padre había cerrado bajo llave el único antídoto que le quedaba para su pena, pensó que ya si que había perdido para siempre a su abuelo.

Desesperada desistió dejando caer su cuerpo delgado envuelto en su camisón violeta, arrastrándolo por la pared hasta quedar sentada en el suelo. de nuevo unas manos la rescataron de su mundo, su hermano, puso la mano en sus cabellos rizados, rubios y alborotados por el esfuerzo de ir quedándose prendidos en los granitos que adornaba la decoración de la pared al ir arrastrándose por ella con abandono, como alisando su dolor.

-Vamos nena tienes que dormir, entonces la atrapaba de la mano con la fuerza de la ternura y la hacía caminar por el largo pasillo, mientras en un susurro canturreaba tierna y tristemente-vamos al jardín del paraíso, allí estaremos siempre juntos, yo contigo, tu conmigo…hasta llegar a su habitación, allí le guiñaba un ojo y la tapaba dándole un beso en la frente.

Una vez en su cama, no pudo evitar las lágrimas, estaba llorando, ¡por fin conseguía llorar¡.

Escondía sus rizos y se tapaba hasta el cuello boca arriba, nunca creyó que sus ojos fueran capaces de contener tantas lágrimas, caían silenciosas, surgidas del pozo profundo de la tristeza, no lo podía evitar, si con el dorso de la mano intentaba enjugarlas, enseguida volvían a aparecer, calladas, sin prisas, seguían su camino, recorrían su rostro con un gusto a sal que a veces capturaba con la punta de la lengua, todo era sal en su boca, entonces le entraba sed.

Se levantó, pensó que había perdido todo lo que su abuelo le había dejado en aquella habitación.

Bajó en silencio las escaleras-como un pequeño espíritu-que la separaban de la cocina.

Al entrar, casi en una semiluz pues ya entraba la aurora por la ventana- esa luz sonrosada que precede inmediatamente a la salida del sol- vio a su padre, sentado en una silla pegado al borde de la gran mesa, doblados los brazos y reposando su cabeza en ellos.

Alzó sus ojos en dirección a la puerta que yo abría, en sus ojos tristes y soñolientos, al distinguirme, brilló una luz tan rosada como la que a sus espaldas entraba por la ventana. Sintió una gran ternura y un nudo en la garganta se apoderó de ella al ver aquella visión. No pudo por menos que haber deseado ver a su abuelo en esos momentos en que esa idea poseía toda su mente.

-Ven mi niña, siéntate a mi lado- dijo con suavidad – tenemos que hablar sobre la puerta-.

ella se sentó a su lado y él envolvió sus pequeñas y delgadas manos entre las suyas acariciándolas como un suave algodón, con voz serena, dulce incluso triste dijo:

“Nena los dolores son como el goteo persistente de la lluvia imagínate una lluvia de invierno que dura días y días y noches enteras, el cielo es de un gris que se rompe en tonalidades oscuras… ¿cómo verías tú ese cielo?

-Triste- le dijo.

-Así es triste, nosotros nos sentimos tristes bajo esos cielos de tormenta, pero la tormenta siempre pasa y aunque asustada, tú siempre te has reído a carcajadas de la tormenta, ¿recuerdas?

Las penas- prosiguió- si las dejamos fijadas en el pensamiento provocan más tristeza porque cierran caminos a cualquier otra idea y no te abrirán vías para otros deseos y otros modos de enfocar la vida, si nos bloqueamos en una sola idea de los acontecimientos que surgen de una pérdida, nos centramos en un solo deseo que no podemos alcanzar, entonces viviremos una existencia falsa, tú debes vivir tus días, tu identidad aceptando esas pérdidas solo físicas como te decía el abuelo, cogiendo la esencia de él que respira en tu alma y en todos los rincones de esta casa, pero tómalo como un cambio de lugar, de estado, sé que me entiendes por esa misma esencia que él te logró despertar, porque tú eres parte de él y porque está dentro de tu corazón, se fue quedándose en ti. Acéptalo así , sino te enfermarás y contigo los que te queremos y lo quisimos a él pero no encerrándote en su santuario ...¿Me has entendido mi niña? ¿Lo harás?, me rompes el corazón con tu aspecto de niña que acaba de volar al espacio sideral, no puedes esperar en esa habitación encerrada esperando algo que- se alisó el pelo como desconcertado- no sé, que quizás nunca pase, puede convertirse en paréntesis de soledad y no tienes edad para poderlo soportar, siento haber cerrado esa puerta, siento tu rabia, siento tu dolor, tu incomprensión, pero si no tuvieras esa sensibilidad desmesurada, inesperada, plena, quizás no tendría que cerrarla.

Ante aquél discurso lleno de tristeza una quietud inexplicable se apoderó de ella, sabía porque lo había practicado con su abuelo que había pactos que se hacen en silencio, como el aire que se respira, un acuerdo tácito.

Su padre sabía de esos acuerdos entre ellos y creyó que había llegado a uno como esos, esa noche con ella.

Al otro día la puerta de la biblioteca estaba abierta, un rumor de serenidad corría por los pasillos, también los recuerdos se prolongaron como hilos dorados, ya miraba al abuelo de otra forma, más serena, como viéndolo nítido en las nubes del patio, había ido rechazando las visiones parciales de la vida y creció antes de tiempo, empeñada en escribirlo todo, como decía su abuelo…

“Escribir es rescatar la memoria del olvido”

“Tejer un hilo inconsútil de generación en generación”

“Romper la suspensión del tiempo”

Por el mejor Abuelo del Mundo.

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