A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

martes, 14 de abril de 2009

No te Marches Isabel...

Hoy fui a ver a Isabel, quería llevarla a casa de mi madre…
Subí los escalones de tres en tres… llamé.
Pasaron unos minutos cuando oí sus pasos… lentos.
Una, dos, tres…
Sonaron tres vueltas de llave.
- Hola niña, iba a ir a tu casa a llevarte un hornazo…
-Isabel,¿ no cierras la puerta eh?
Ambas sonreímos con esa sonrisa que lleva dentro un pensamiento, que seguro sería el mismo.
Isabel piensa, yo pienso.

Ella no dijo nada porque tenía la boca seca de tantas ausencias, solo un gesto con los dedos que tenía acorchados de no abrir puertas.
Entramos a la cocina –siempre tan bonita- olía a soledad, ese olor que se aloja detrás de la niebla que se esconde en su mirada y que ella convierte en música –pobre mujer, qué fuerza de voluntad-

Isabel disfraza de palabras amables sus tropiezos, temo que un día de estos no me va a reconocer…
Me mira y me sorprendió en pleno estallido callado de cariño, y oleadas de ternura en mi mirada, lo supe por el brillo de luceros de sus ojos y por su sonrisa de galaxia- es tan agradecida-

Después pasa a la nada, a veces no lo recuerda, de ahí mi temor…
Y es que no somos nada, pero la nada también existe aunque tenga un corazón de olvido, aunque no hay nada peor que ser querida sin ser sabido, y no quiero que ella olvide mi cariño.

_Isabel- le dije- tienes que aprender a reventar silencios, habla por teléfono, llámame, búscame, o habla con la pared, pero no olvides las palabras, nos queda mucho que hablar, hay mucho agua en el fondo del mar y mucho cielo en el continente…

¿Cómo me llamo Isabel?
¿Recuerdas que tú me decías que mi nombre sirve para atar? que yo disponía de algo que ataba a la gente, el inmenso cariño…
¿Recuerdas ahora?

Isabel no supo llamarme Cinta, ni recuerda que le ataba el pelo y le abrochaba los botones… no supiste mi nombre Isabel… y yo, como una cinta, me quedé atada a las aristas de la tristeza, esta vez extraviaste la dama que puedo anunciarme , esa dama a la que llaman memoria…
vamos Isabel, acompáñame, yo cierro la puerta…

2 comentarios:

  1. Saludos, es un texto muy lindo, me gusto leerlo, te dejo un beso. Cuidate.

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  2. ¡Ah, Cinta! Precisamente es rodeado de silencios cuando uno encuentra el momento propicio para ser sincero. Porque esa pequeña soledad que envuelve la pequeña compañía se tienden puentes y se abren corazones.

    Pero este no es el caso ¿verdad? Aquí prevalece la enfermedad… En la perdida se abre una herida que nunca se podrá cerrar… En estos casos, como en tanto otros, nos queda el recuerdo y un hilillo de vida al que nos agarramos para no perdernos del todo…

    Gracias, amiga. Y gracias por esta bella música, que me traspasa y que no me canso de oír.

    Un gran abrazo.

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Huellas.