A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

miércoles, 14 de agosto de 2013

Las palabras son puentes...

Se escapa el tiempo entre las sombras de la noche y la mañana, intercede llena de silencios, hace calor y llueve tristeza con las voces calladas y las sonrisas sin gestos ni palabras...
Palabras que quedaron  huérfanas, extraviadas, equivocadas, nunca tiernas ni de cariño bordadas, palabras nuevas que no son las de antaño, aquellas olvidadas que luego emergen en las esquinas de la conciencia y del tiempo-espacio, que fueron dichas en la rendija huera de la cara oculta de la esperanza y levantaron muros de distancia.
¿Para qué sirve ir matando demonios con las luces del alba? ¿Para qué los laberintos de caminos  difíciles? ¿Acaso no sabes cómo se reparan los sueños  rotos o por dónde se hilvanan los desgarrones sin que las cicatrices sangren?
A veces nada se recuerda de los verbos irregulares ni del razonamiento estricto de las palabras, pero no se olvida fácilmente ni uno de los rostros de los que nos quisieron y nos enseñaron a ser feliz en nuestra infancia. Los ojos son sabios saben cuando posarse en las cosas y detenerse en ellas como mariposas mientras la vida pasa... a veces  es mejor el silencio que muchas palabras.
Hay miradas y también palabras que pasan de largo y otras se quedan fijadas para siempre, simples reflejos o eternas instantáneas que permanecen hasta que el cuerpo aguante o el tiempo se acabe, las palabras, algunas, se las lleva el viento, como el tiempo se lo lleva todo.
La palabra es un arma que te hunde y te levanta, la que te sube y te baja, que te da vida y te mata, que rompe, que rasga, cruza fronteras, mares y cielos y cuerpos por dentro, tiene mucho poder, por eso hay que saber utilizarla y a veces dosificarla.
La voz se esparce muchas veces rota por la garganta y las palabras caen inertes como escarcha.
A pesar de todo yo que escribo, me postro ante la palabra, sobre todo ante algunas palabras, la palabra  GRACIAS, es una palabra dulce, prodigiosa, duradera, que traspasa fronteras, que enriquece provocando una conexión de sentimientos, una palabra natural que debiera estar siempre a flor de labios como un susurro... gracias, gracias, gracias... por entrar en el claustro de mi alma sin resquebrajarla.
Podrían ser mis palabras que en mi corazón tú tienes siempre un sagrario, donde no te faltan besos, ni amor, ni calor, ni amparo...
Perdóname si en mis labios navegan las palabras, solo estaba desgranando la razón y el corazón.
Yo dejo aquí mi palabra, como causa y efecto, en el espacio tiempo...

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