A veces me gustaría
darle la vuelta al mundo
como si un calcetín fuera.
Al volver del revés las cosas,
se ve lo que contiene
dejar caer la mano izquierda
y con la derecha sacudir espinas
y recomponer lo que se rompe con ella
y recuperar aquella esperanza última
que un día perdiera,
quizás el mundo del revés
sea mucho mejor por dentro...
Pero No, no está el mundo
para ser cómplice del deseo,
sería como doblar acero
y escupir jazmin en los adentros.
Ahora ver el mundo,
es ser cómplice de la tristeza
y ser una absurda visión de locos cuerdos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Huellas.