A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

viernes, 20 de junio de 2008

A Papá

La semana que viene será el primer aniversario de su marcha, seguro que no podré estar por aquí, pero por si no pudiera escribirle, por si me siento perdida, ahora lo hago...

Hoy he vuelto a ir allí donde dejamos lo único físico que quedó de tu cuerpo, pues tu alma desparramada riega los corazones de quienes te aman. Hoy he sido valiente y los pasos de mi corazón fueron sin más guía que mi amor y mi necesidad de sentirte un mucho más, aunque ya te siento en todos mis días.

Este sitio donde dejé tus cenizas es todo lo que hoy he salido a buscar, intentar recobrarlo por senderos tranquilos, el dolor se apacigua por fuera aunque la herida sin ser vista sangre por dentro. La serenidad está en el aire, a primera hora de la mañana, cuando empieza la tarde, y a la hora en que la luz comienza a morir, llevo todo el día aquí, la tierra que tú cultivaste cambiaba de tono, según la luz solar, el contacto la transformaba, era como si el blanco pudiese teñirse en un instante de tonalidades distintas, en cada una se dibujaba una vivencia, la luz rosada le daba rastros de crepúsculos, la intensidad del mediodía la llenaba de amarillos, el atardecer esparcía violetas y morados, azul noche se tornaron mis ojos a medida que pasaba el tiempo.

Me paseé con los píes desnudos en contacto con la tierra, entonces sentí que volvía a recobrar la paz y un poco más de ti.

Mis inquietudes se dormían junto a la casa donde pasábamos muchas primaveras en tiempo de recolecta, recordaba cuantas cosas hemos vivido y me preguntaba cuantas historias transcurrieron allí antes de tener la suerte de ser tu hija.

No vengo buscando las huellas de las cosas vividas, vengo con la memoria fresca, recuperada, abrazándome a ella sin dolor, a limpiar mi pensamiento para poder recordarte como tú quieres que lo haga, con mi sonrisa, que aunque ya es de mujer, siempre la viste de niña, vengo conformada, serena, sin sombras en la mirada. Todo este tiempo atrás he deseado ser un pájaro, las alas tendidas, hasta posarme en la copa de este árbol que un día ya lejano tú plantaste con tus manos y convertirme en la sombra que acompaña tu reposo.

Tú me decías que volar era descubrir desde el cielo las vueltas del camino, ahora lo entiendo mejor, no hay nada definitivo, todo es transitorio, entre tú y mi abuelo sembrasteis la semilla en los surcos de mi camino, con vistas a frutos en un futuro, a liberar el espíritu, abierto el corazón…

Nada es sobrero ni sucede en vano, nada sin embargo se puede retener para siempre, solo el sentimiento y los recuerdos que uno quiera anudar a la memoria.

Papá no tengo que decirte cuanto te extraño, cuanto me hiere dentro no poder verte y que me veas, no poder precipitarme en tus brazos, sentarme en tus rodillas como aquella niña tan pequeñita entre tus brazos, tú siempre me decías que veníamos desde demasiado lejos donde algún día había que retornar, a ese lugar donde distribuyen las vidas a los seres humanos,- decías-, recuerdo la primera vez que me llevaste al colegio, con algo más de tres años, se me turbó el alma porque con la voz de la maestra barría el sonido de tu voz al fondo de aquél pasillo tan largo, en el terror de la primera escuela.

Pasaron muchos años, para sumarse a los largos años tuyos y un día me di cuenta que te costaba recordarlo, y empezabas a querer al silencio, una mañana decidiste abrir un cajón, y quedarte entre recuerdos antiguos y retratos marchitos, me desesperé porque aún eras joven y me sorprendiste, no había mirado el paso de la vida sobre ti, tus vacilaciones, tus angustias, tus inquietudes, eras tan fuerte y jamás estuviste enfermo…

Después me fui dando cuenta que tus ojos te levantaban un velo, ese que levanta la existencia al ser vivida, suavemente gris, y te quise mucho más que mucho, mucho más que nunca… entonces padre mío, te besé en la frente, en las manos, fui tus ojos y me senté a quererte…

Estoy sintiendo el suave roce de tus manos acariciar mis mejillas, me levantas con tus dedos bolitas transparentes de cristal que salen a borbotones de mis ojos, y me los dejan vacíos, huecos,,, me estoy vaciando, entonces oí de nuevo tus pasos, como siempre que yo caía enferma, de león enjaulado y desvelado luchando con todo lo malo que me hubiera amenazado. Ahora soy yo la cola del cometa que va tras tu luz, puede que sea de poetas sentir más hondo cómo se detiene el aliento, como se corta y se retira, pero sin transición, se cruza mi rabia con la impalpable poesía escrita con mis pasos en tu tierra… Salvándome… Te quiero Papá.

3 comentarios:

  1. Hola mi niña, muy hermosa tu prosa en honor a tu padre, me ha emocionado mucho, ya sabes que yo me quedé sin mi madre también hace ya unos años pero aún duele, arriba ese ánimo, él siempre estará contigo.
    besos de caramelos para tu tristeza.

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  2. Hola...
    nuevamenta paso a visitarte.. y me es grato encontrar estas palabras... ¡hoy es tan difícil encontrar aquel sentimiento en el mundo!
    Hoy todos se conforman creciendo solos, luchando solos, olvidando que hay personas que no son tan solos nuestros progenitores, sino que aquel puntal invisible que nos sostiene incluso cuando nosotros mismos nos abandonamos al mundo...
    preciosas palabras... y como leí un día... las personas solo mueren cuando se deja de recordarlas... está en tus manos mantener a tu padre a tu lado.

    Un saludo y mucha fuerza para ti.
    Un gusto visitarte nuevamente.

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  3. Gracias Nelly por tu hermoso comentario, mi padre nunca morirá, en mi corazón está para la eternidad.
    Un beso y de nuevo gracias.

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Huellas.