A Menudo


Sueño y Vuelo, aunque me caiga luego,

domingo, 24 de agosto de 2008

Abuela

El colegio donde pasé mi adolescencia tenía un jardín que se parecía bastante al patio de la casa del campo de mis padres, el jardín daba a una explanada de césped, en el que en primavera, los compañeros y yo, en las horas libres y a veces no libres, nos echábamos al sol. Me gustaba ponerme de cara al cielo, disfrutando esa gama de azules llenas de blancas nubes, en las que yo dibujaba mis propias formas extrañas, que con los ojos recorría capturándolas.
Aquellos tiempos de tan hermosos, se prolongaron como un hilo dorado en mi pensamiento, a veces este tiene la habilidad de alzarse en vuelo, mi abuelo decía que eso era bueno, en cambio mi abuela a raíz de que él muriera, decía que alzar el pensamiento en vuelo, podría llegar a ser un acto inútil, que era como lanzar burbujas al aire que las deshacen, que podría incluso dañarte, pudiera ser que ambos llevaran razón, mi abuela decía que demasiadas veces ella, al darle vuelo a su pensamiento sufría y que le dolía como si le robasen el alma, yo no sé exactamente expresar esa sensación que se siente cuando le roban a uno el alma, pero ella dice que cuando mi abuelo murió le robaron la suya, así que me explicaba ciertas cosas que sentía, pero me parecían que eran físicas, pues los dolores interiores de tan adentro según mi abuelo no se pueden explicar y cada uno las siente distinto, ella decía que era como sentir que te echaban sal a puñados sobre la herida abierta de la que ni sale sangre, porque está contenida en algún lugar hondo del alma, esas que mi abuelo llamaba penas hondas, esas que casi no se pueden expresar.
A mi me gusta lanzar al vuelo mi pensamiento, y a veces no tengo freno y no creo que sea algo inútil, y muchas veces se convierte en una retahíla de luz incontrolable, las emociones se mezclan sin orden cuando es la hora del vuelo.
Alzar el pensamiento es una situación que no tiene remedio, y en la que no influyen el deseo ni la voluntad, alzar el pensamiento es como el temblor de la comisura de unos labios que rompe en un gesto de sorpresa su quietud…
Me gusta que me tiemblen los labios abuela… y sé volar…

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