
Te lo entrego mi amor, deteriorado
cada herida hay, que no la veas.
Oquedades de vientos y mareas,
Dolores, traiciones y pecado.
Un zanja inmensa en el teclado
Espantos, entresijos, alambreras,
Marcha prófuga en las veredas,
Topetazo de quiróptero cegado.
Mi corazón te lo entrego enrojecido
de lágrima, de sangre, de gemido…
Ya no es un corazón, es una escoria.
A lo amplio y a lo vasto de este soneto
ya no queda migaja de tu apresto…
Valerosa tela que labró tu historia.
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Huellas.