
Y sin embargo en tus noches desangeladas le vendes tus lágrimas a la ternura de quienes aman en la distancia y en la cripta de tu confusión ya no caben más palabras, así te devaneas en tu miseria y en tu ansiedad…qué importa lo superfluo cuando amas de verdad, todo lo demás pierde importancia.
Qué empeño el tuyo en tus noches- largas- de abrir enfebrecido las heridas, que no cierras los ojos ni descansas, como ese Luzbel que recoge cenizas de sus llamas por si encuentra algún rescoldo y avivarlas.
Qué empeño el tuyo de pisar el amor que se derrama y qué empeño en derramar tu rabia…
Siempre cierras la puerta de las caricias que esperan entre unos brazos, es que no sabes de otro modo, no hay caso si en verdad no eres capaz de mirar más allá…
Pero si la cierras, entonces deja que naveguen en el ancho océano sin hundir el barco, no manches las caricias de lodo ni de barro, déjalas volar para así deja fluir el recuerdo, como desde su inicio, limpio todo, limpio…
Es un tesoro incalculable ser auténtico y honesto aunque sientas los palos dentro, buscar la esencia de las cosas, así siempre habrá merecido la pena, para qué ensuciar los recuerdos…
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Huellas.