
El día es oscuro, como casi noche. Sobre mi almohada tu carta, una frase, que lo decía todo en tan poco, en Nada, que salía del papel para dejarme sin tu presencia o mejor para dejarme con tu ausencia.
Reina el silencio, tu olor esparcido, impregnado por la estancia, en las sábanas, reptando por las paredes hasta llegar a mi interior es la única señal de vida que me acoge, y mis lágrimas, mientras tu carta quema mis manos que arden en llamas y llantos.
Y la carta del adiós reposando sobre estas manos que un día decidieron enlazar las tuyas y esa frase que, entumecida por la humedad de la riada de lágrimas, descansaba junto a mí.
Aún suplico un día más, antes de irte, para soñar despierto, para morir de pena, para poder tenerte.
Todavía resuenan en mis oídos los gritos que le mandaba al cielo cuando querías marcharte, y estas lágrimas fieras que de mis ojos resbalan, por la falta del pañuelo que negaste al desconsuelo que me araña. Y yo, ya solo quería un día más para bailar contigo, para reír contigo, un día más intenso que el de ayer, un día más prohibido que el de ayer, un día más de tu pastel, un día más para poderte beber, para abrazarte, para que me acariciaras el pelo y escribirte versos, y aunque ya no estés, todavía ando pidiendo, sin que lo sepas, un día más para llevarte a mis cuentos y que me enseñes tus sueños.
El recuerdo mata la vida, pero da otra forma de vida de la que es difícil despegarse, no es la memoria la que memoriza, sino los recuerdos los que la crean y se refugian en alguna parte de nosotros mismos… eres mi recuerdo…
Ahora soy solo unas manos, las manos, que buscaban tesoros escondidos detrás de tus gestos, en los contrafuertes del placer y el miedo, acariciando estrellas de porcelana y almíbar hasta convertirlas en fugaces designios de la locura.
Y pese a todo este dolor, el de la ausencia, el de la espera, el de la distancia, el de esta soledad que me oprime, a la herida y a la cicatriz que deja, más triste sería no haber tenido noción de ti en absoluto. Pero…
Yo ya no soy. ¿Y tú? ….
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados…”
ResponderEliminarBienvenidos lo que dudan sin hacer de su incertidumbre motivo de escarmiento.
Benditos los que pueden purgar sus pecados en la soledad del destierro.
Afortunados los que aman, y en su amor no esconden la semilla del sufrimiento.
Glorificados sean los que pueden hablar puros de corazón y llenos de acierto. Yo no.
(La madrugada se llena de tristezas, que las primeras luces del alba, entre brumas, se llevan)
Cada día es una nueva oportunidad de ser, de vivir, de recorrerse y recogerse, de corregirse y penar, de sembrar y ser semilla, de parir buenas nuevas, de nacer y revivir, de blandir la espada o de dejarse morir… Y mi espada yace tranquila… y así ha de seguir…
(¿Qué tal la continuación?)
Hi, it's a very great blog.
ResponderEliminarI could tell how much efforts you've taken on it.
Keep doing!
Muy buena Suri, parece que te aprendes el texto, haces muy bien los deberes, comentar tan bien. Gracias. Un abrazo
ResponderEliminarHola Olive, gracias por tu visita y tu bello comentario. espero que nos visitemos, paso a ver tu blog.
ResponderEliminarUn saludo :)