
Seguramente ahí es temprano todavía
casi nunca estoy, pero hoy si,
corrí el ardiente asfalto,
crucé la playa donde descansaba,
pisando algas y arenas,
sintiendo como el viento me vestía de tu ausencia.
Y sentí en pleno agosto frío,
ese frío que llega hasta el hueso
y se come el tuétano y luego lo vomita,
soltando soledades, llantos que ya no mojan mi cara,
ni al recuerdo ni a la soledad.
No pasa nada, en este instante, ya en este minuto
solo somos un accidente en este cielo oscuro,
mientras yo desveno alguna tristeza al recordarte,
ya es tarde para desvelar lo que hemos ocultado
eso que creció paralelo y que aún sin nacer
ya va muriendo, y ya no es tiempo de llantos.
Qué podría ocultar bajo de ti, si no me cubre nada,
por eso el frío de esta noche, el que no se irá,
aunque yo me vaya, allí donde sé que no me buscarás.
En ese mar, esos vientos, esa ausencia,
que se alargan hasta la saciedad,
allí me quedé fijada, entre los aires del cielo
que me escribiste, quizá crezca entre tus manos
y me acabe el mar esta noche
y te bese aunque acuda esa asfixia
por no encontrarte entre mis labios.