
le encomendé mi anhelo?
¿Quién fue tu guardián
que abandonó su puesto?
Por las miríadas de estrellas
volaban mis ojos despiertos
acaparando luces para ofrecerte,
se iban apagando y yo, sin saberlo.
Nada podías ya,
mi corazón sentía que era cierto
la vida cerraba el ciclo
y la muerte estaba al acecho.
Se fueron cayendo de tu mirada,
las flores del almendro
¿en que momento de descuido,
me las arrancaron de las manos,
los malos vientos
cerrándole la puerta a tu último sueño?
Como un día se cerraran los nuestros,
como ese grano de centeno
echado al surco de lo eterno,
sin cobertura y sin aposento.
¡Ah dolor¡
como gritan los corazones
cuando le arrancan de lo más tierno,
el soplo de vida que se adhiere a los recuerdos
siguiendo un proceso que ya viene regido
en todos los cuerpos…
una llegada con una ida sin regreso.
¿Tendré tu luz sobre mis ojos?
¿Sabrás de mí más que yo misma?
¿Velarás como energía mis fatigas?
O solo dejarás tu huella en los caminos
de las venas que riegan mi corazón,
cuidando de este pedacito de mi vida…
que desde algún lugar la beses y la bendigas.
Como ya puede que a ti, te estén acunando
en sus brazos las luces divinas.