
Se busca a un hombre que lleve la magia
En la tersura agridulce y abarcadora de sus manos,
Que arribe los amarillos en los márgenes
De los senderos de piedra y arcilla,
Que lleve el sonido meloso y agónico
de la música de las campanas
tocando a amores y a olvidos,
que su voz melódica susurre confidencias
al otro lado del océano,
que despierte el sueño de las flores,
las gaviotas, las mariposas y
de todo mi ser vivo.
Un hombre boceto de cóndor y delfín,
Mirando al infinito,
Que sepa oír el canto de las sirenas,
Aunque ya ni siquiera rocen noches ni mareas,
Que aún estando solo, oiga como le hablan las nubes,
Que pasan humedecidas, imprecisas y sin voces,
Que sepa ser confidente de angustias y de esperas,
Luz brillante para los ojos abiertos del hambre
Fuerte como tambores que retumban sortilegios imposibles,
Despedazando el ocaso
Que sepa ver el corazón de las algas en el mar
Y la sonrisa inexistente de las hienas en la tierra,
Que sea en mi noche una gota de sangre dando vida a mi dormitorio,
Aún sintiendo su alma lenta quejumbrosa y triste,
Que se levante y me levante del suelo,
Que el viento no lamente ni padezca en los suburbios de sus ojos
Que aún estando dormido o insomne,
Sepa buscar el corazón de los duendes perdidos,
Que sepa llorar,
Y reír aunque se le rompan las plantas de los pies calzadas
Con las sandalias del hastío
Que busque amuletos para aplacar los malos momentos
Como una mirada o un beso,
Una música para aplacar la fiera que llevamos dentro,
Que busque huecos en los muros del silencio,
Suspiros, ungüentos para sanar los males humanos internos.
Que no desperdicie los instantes y sepa buscar el momento adecuado
Que se equivoque y lo admita y lo diga con una sonrisa,
Y me alcance cuando yo, esté a punto de romperme contra el suelo,
Que sepa llevarme al rincón más propicio
Donde una noche ilumine más la luna,
que sean sus palabras las arquitecturas
bajo el silencio y el habla.
El punto de mira suave y amoroso,
Terciopelo para las manos que acaricia,
Paladar de una boca, la brisa,
Que golpeé el amor su pecho y lo invada,
cuando acuda como pétalo de fiebre
a mi vientre
de mar y caracola,
Que respire con mi aliento,
Que llene mi cuerpo,
Que se pierda en la copa que llene cuando sueña,
Que latan sus besos,
A perfume de mi aliento,
Que sea un lecho tibio
Cuando recorra las aristas de mi cuerpo,
Que se vuelva olor, sabor de mi recuerdo
Cuando no lo tengo…
Y aroma de sentimientos.
Creo q pedir más podría, pero no quiero,
Sería buscar lo que no encuentro.